El quehacer católico está empotrado en la Declaración de Manhattan

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Por Richard Bennett

La Declaración de Manhattan tiene un doble propósito

El 20 de noviembre, 2009, más de 150 personas representándose como líderes cristianos de trasfondos ortodoxos, católicos, y evangélicos, declararon su unidad con motivo de temas de la moral. Los signatarios que se unen a la Declaración de Manhattan (DM) se identifican con sus firmas al pie de la declaración: “Nosotros, como Ortodoxos, Católicos, y Cristianos Evangélicos, nos hemos reunido [para afirmar] principios fundamentales de justicia y de bien común.”1 El sitio de la red de la DM declara que la finalidad del documento es “sencillamente para hablar con una sola voz respecto a los temas morales más pujantes del día de hoy… [la DM] es sencillamente una declaración de solidaridad sólo con respecto a los temas sociales que le competen.”2 El mismo documento no pareciera tener ningún otro fin además del mencionado. Sin embargo, en una sección del sitio de la red de DM titulada “Un mensaje a todos los signatarios de la Declaración de Manhattan,” se declara sin tapujos que el llamado es a la acción política. Con esto se pone en claro que de hecho, la Declaración de Manhattan es tan sólo el último paso en el camino cuesta abajo para implementar la doctrina social católica. Aún hay otra finalidad. Ésta se declara principalmente en los documentos del II Concilio Vaticano y documentos posteriores. Por medio de los temas sociales, la Iglesia Católica Romana procura atraer a sus filas a los creyentes bíblico-evangélicos para que no tengan protesta alguna tocante a los temas fundamentales como la autoridad de la Biblia y el Evangelio.

A fin de endulzar a los evangélicos por motivo de sus diferencias con los católicos sobre temas de la doctrina bíblica, particularmente tocante a la autoridad de la Biblia sola y del Evangelio, el modus operandi católico acude al uso de temas sociales en los que ambos, evangélicos al igual que Católicos, puedan asentir preliminarmente a una plataforma común. Los temas sociales principales escogidos por la DM son pasables, pero lo que delata la raíz del quehacer católico político izquierdista radical son ciertos vocablos en uso. Estas acepciones por cierto que tienen un sentido generalizado, pero en el contexto de la doctrina social Católica Romana, tienen un sentido muy particular. Cuando los evangélicos se aúnen a los católicos en los temas sociales (como los temas que menciona ese documento), en el diálogo ecuménico que surge “poco a poco, todos los cristianos se reunirán”3 dentro de la Iglesia Católica Romana fundamentados en su doble autoridad, falso evangelio, y quehacer del extremo izquierdista. La meta principal de la Iglesia Católica Romana es de poner en vigor obligatorio su alegato de ser la única y verdadera iglesia de Jesucristo, y que su Papa, el autoproclamado “Vicario de Cristo,” tiene el derecho de juzgar a todos, tal cual lo hacía durante la Edad Media. Para poder lograr esto, el Papado tiene que derogar la autoridad suprema de la Biblia y el Evangelio, como también silenciar a todos los que se le oponen a su proyecto. Este es el contexto Católico Romano en el cual se encuadra la Declaración de Manhattan.

Ambigüedad del preámbulo

De por sí, la Declaración de Manhattan no tiene un propósito definido. Más bien, proclama que los cristianos son “el legado de una tradición de 2.000 años” definida ambiguamente como la “de proclamar la Palabra de Dios, buscando justicia en nuestras sociedades, resistiendo a la tiranía y alcanzando con compasión al pobre, oprimido y sufrido.” La declaración por cierto no está hablando de una tradición de 2.000 años de proclamar la verdad de la Palabra de Dios tal cual se manifiesta en la Escritura – debido a que tanto la Iglesia Católica y Ortodoxa niegan que la Escritura es la única autoridad, al igual que también niegan el Evangelio.4 De igual importancia, el Preámbulo no identifica quienes son los “cristianos,” pues no lo particulariza. Esa definición sólo la descubrimos después en la segunda sección de la DM. Tan sólo estos dos factores en sí debieran suscitar las sospechas de cualquier evangélico.

Los autores intelectuales de la DM

Los autores intelectuales de la DM son Robert George, un ferviente católico romano supliendo al fallecido Richard John Neuhaus; Timothy George, decano de la Beeson Divinity School (Escuela Teológica Beeson), y Chuck Colson del Prison Fellowship Ministries (Ministerios Carcelarios en Comunidad) y ahora del Center for Christian Worldview (Centro de la Perspectiva Mundial Cristiana). A fin de lograr solidaridad entre las partes mencionadas en el sitio de la red, es patente que Timothy George en representación de los evangélicos, ha sido quien ha cedido ante todas las componendas. Esto ha sido un requisito del autor intelectual católico romano y sus partidarios. Por cierto, fue con esa finalidad que Timothy George fue invitado a colaborar con el bosquejo del documento por parte de los evangélicos. Él es un líder cuyo “testimonio público a favor de la justicia, los derechos humanos, y el bien común”5 concuerda con el propósito político y ecuménico católico romano. “Justicia, derechos humanos, bien común” son todas frases claves de la doctrina Católica Romana de la extrema izquierda tal cual se detallan en el “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia [Católica Romana].

Las principales transigencias de Timothy George

La primera transigencia de Timothy George fue dar su visto bueno a la fuente de autoridad del documento. Esa fuente no es la Biblia sola; sino más bien es la inquebrantable base Católica Romana de la tradición y las Escrituras.6 Esta [mixta] fuente de autoridad corrupta facilita componendas con palabras ambiguas que no se ajustan a la doctrina bíblica, particularmente con respecto al Evangelio.

De igual importancia es la transigencia total de Timothy George tocante al Evangelio. Aunque el Preámbulo declara que “Los cristianos hoy son llamados a proclamar el Evangelio de la gracia encarecida,” hay ambigüedad y confusión respecto al significado de “gracia encarecida.” Queda s n explicación alguna la posi ición del hombre como pecador bajo al ira vengativa de un Dios santo. Queda sin manifestarse en base a la autoridad de la Biblia sola, la salvación mediante sólo la gracia de Dios, la fe sola, en Cristo solo. Esta frase blanda, “el Evangelio de la gracia costosa,” es lo más que la Declaración se aproxima al Evangelio. Es obvio que esta frase maleable tiene la intención de disimular la falta de solidaridad entre los signatarios – pues no puede haber solidaridad entre los incrédulos, y aquellos que han sido salvos sólo por la gracia, sólo por la fe, y en Cristo solo.

En otra parte la DM declara, “Es nuestro deber proclamar el Evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en toda su plenitud, a tiempo y fuera de tiempo.”7 Esta es una migaja lanzada a los cristianos evangélicos. Sin embargo, si de veras cumplieran con su deber, la usarían para confrontar a los signatarios católicos romanos y ortodoxos con la suprema autoridad de la Biblia y con el Evangelio. Tanto las iglesias católicas y ortodoxas niegan el Evangelio y en su lugar vivamente enseñan y practican un falso evangelio. Sólo los que de veras han sido salvos y están “en Cristo,” son los que de veras creen el Evangelio, y han recibido el llamado de proclamarlo.8

Baño de cal a la historia de la iglesia romana

Otra gran transigencia en la cual dobló la rodilla Timothy George, es con respecto a la historia de los evangélicos cristianos y la Iglesia Católica Romana. Los hechos históricos de la Iglesia Católica Romana con sus siglos de autos de fe durante la Inquisición no pueden ser maquillados con una breve declaración que las instituciones han cometido errores, como lo presume la DM. Ni tampoco sus autores intelectuales, aunque digan que sólo se representan como individuos, pueden exonerarse de esta atrocidad. La parte más importante del resumen de la historia cristiana en el Preámbulo, es la que quedó por fuera.

El Preámbulo presenta retazos de la historia pretendiendo dar apoyo a su legado de “tradición” cristiana, pero guarda silencio respecto a dos de los sucesos de mayor consecuencia en la historia de Europa. El primero se trata de los seiscientos años del reino de terror dirigido por el Papado de la Iglesia Católica Romana con su asesina Inquisición. El segundo evento y de igual importancia es la Reforma del siglo dieciséis debido a que la gente común descubrió las Escrituras y el Evangelio. Fue necesario omitir estos hitos claves pues cualquier mención a ellos hubiera destruido la presunta solidaridad que la DM ostenta desplegar.

Por ejemplo, el Preámbulo declara, “Fueron los Cristianos los que combatieron al enemigo de la esclavitud: los decretos Papales en los siglos XVI y XVII denunciaron las prácticas de la esclavitud y excomulgaron a cualquiera envuelto en la trata de esclavos.” Sin embargo, ya para el comienzo del siglo 16, Europa ya había sido esclavizada por trecientos años de decretos Papales que robaban, torturaban, y asesinaban a millones de creyentes en la Biblia y otros a lo largo del Santo Imperio Romano. La Inquisición fue un instrumento Papal por el cual la gente fue víctima del terror y doblegada a profesar el falso evangelio católico romano con todo su pertrecho de prácticas acompañantes. Pasarían más de trecientos años más antes que se pusiera fin a la Inquisición a fines del siglo dieciocho. Es un escándalo y desvergonzada desgracia que Timothy George en particular, y Robert George como hombre educado, permitieron tal baño de cal a la sangrienta historia de la Iglesia Católica Romana de la cual se presume aquí.

A partir de 1203, el Papado inició su asesino sistema de la Inquisición con la “limpieza étnica” de los albigenses en Francia, pues creían en la Biblia. En 1572, el Papado cumplió un edicto emitido por Papa Pío V antes de su muerte, y jugó un papel decisivo en la Masacre del Día de San Bartolomé, en el cual hasta 70,000 hugonotes franceses fueron “étnicamente purificados” del suelo de Francia. En el siglo diecisiete, el Papado también estuvo altamente comprometido en la “limpieza étnica” de los Valdenses, creyentes en la Biblia, o “gentes de los valles” de los Alpes Cotos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el estado Católico Romano de Croacia, con el visto bueno del Papado, también afligió a los serbios ortodoxos y otros con “limpieza étnica.” El Papado también jugó un papel clave en la preparación del camino para el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, y desde lejos guardaba silencio mientras millones de judíos eran masacrados.8 El Papado no ha cambiado a pesar de su nueva táctica de llamar a los evangélicos “hermanos separados” en vez de herejes.9

Un poco más abajo en el mismo párrafo, el Preámbulo declara, “En Europa, los Cristianos han… peleado exitosamente para establecer la regla de la ley y el balance de los poderes gubernamentales, lo cual ha hecho posible la democracia moderna.” Por cierto que las iglesias Ortodoxas y Católico Romanas no pueden incluirse en esta declaración. Más bien, fueron los Protestantes de la Reforma – con la Biblia en mano – que tuvieron éxito en desmantelar el Santo Imperio Romano en el que el Papa, siendo la cabeza de la iglesia y el estado civil, podía darle fuerza de rigor a su doctrina antibíblica por medio de la ley civil. En su lugar, los Protestantes de la Reforma instituyeron el gobierno de la ley, y en America diseñaron magistralmente la Constitución creando enteramente un nuevo tipo de gobierno, una república representativa fundamentada en el rigor de ley, fundamentada en la Biblia. Sin la Reforma del siglo dieciséis, el Experimento Americano de un nuevo tipo de gobierno civil, no pudiera haber ocurrido; en este gobierno no hay ni iglesia del estado ni jefe de gobierno que sostenga autoridad temporal y autoridad como la que sostiene el Papa. Muchos emigrantes de Europa, Inglaterra, y Escocia huyeron a las colonias Americanas en los siglos diecisiete y dieciocho, debido a los terrores que la Iglesia Católica Romana perpetraba en sus tierras. Para los Católicos, incluyendo a Robert George, que aleguen una tradición de 2.000 años “buscando justicia en nuestras sociedades, resistiendo a la tiranía,” simplemente es una desvergonzada mentira.

Los diseñadores de la primera oración del Preámbulo de la DM, al negarse a definir quienes son los “cristianos,” se disponen a presentar fragmentos insignificantes de información católica que promueve una patente mentira que tira por el suelo cualquier jactancia católica en la historia de “buscar justicia” o “resistir la tiranía.” La historia de la opresión perpetrada por la Ortodoxia, aunque de ninguna manera iguala la de Roma Papal, se manifiesta en la oposición a otras formas del cristianismo, que no es nada más que persecución de los verdaderos fieles en las naciones ortodoxas. Es increíble que cualquiera que llega a entender que los católicos y los ortodoxos están incluidos en al definición de “cristianos” en la Declaración, pudieran endosar esta primera declaración.

La doctrina social Católica Romana tiene comprometido a Robert George

Robert George está bajo la obligación moral de regirse a los dictados del Papado tocante a la evangelización del pueblo, particularmente hacia los evangélicos y ortodoxos, a fin de introducirlos a la Iglesia Católica Romana por medio de la propagación de su doctrina social. Su deber como católico romano se dispone así: El Papa como la ‘suprema autoridad magisterial’ de la Iglesia Católica Romana ha decretado lo siguiente para su laicado.

En las tareas de evangelización, es decir, de enseñanza, de catequesis, de formación, que la doctrina social de la Iglesia promueve, ésta se destina a todo cristiano [i.e. católico]… mediante estas responsabilidades, los laicos ponen en práctica la enseñanza social y cumplen la misión secular de la Iglesia.10

El Papado le ha metido muela a sus dictámenes sobre este tema: “En cuanto parte de la enseñanza moral de la Iglesia, la doctrina social reviste la misma dignidad y tiene la misma autoridad de tal enseñanza. Es Magisterio auténtico, que exige la aceptación y adhesión de los fieles.”11 El deber de todos los laicos católicos es de evangelizar mediante la enseñanza y la implementación de la doctrina social Católica Romana por toda la sociedad secular. Tal deber es de rigor, so pena de ser excomulgado. Esto quiere decir que el Papado tiene una confiable “quinta columna” en cada nación donde pueda haber católicos. Robert George, a partir de su profesión como católico romano y por ser diseñador de la DM, demuestra que él es parte de la quinta columna del Papa, pese que lo acepte o lo niegue.

Objetivo político de la DM

El sitio de la red lo deja muy claro que la DM tiene un objetivo político. En la sección de la red titulada “Mensaje a todos los signatarios de la Declaración de Manhattan,” se declara esa finalidad; a saber, “Queremos componer un movimiento – centenares de miles de cristianos católicos, evangélicos, y ortodoxos orientales quienes se colocarán al lado de otros hombres y mujeres de buena voluntad en la defensa de los principios fundamentales de la justicia y del bien común.12

Es aquí que se define a los cristianos como católicos, evangélicos, y ortodoxos orientales. Por tanto, los verdaderos cristianos evangélicos se han de juntar en yugo igual con católicos y ortodoxos orientales, de los cuales ninguno de los dos es cristiano. Además, este recién formado grupo “cristiano” también se ha de juntar en yugo igual con “otros hombres y mujeres de buena voluntad,” que se supone significa ateos, paganos, animistas, y otros tales como budistas e hindúes. Este es precisamente el grupo mundial que es el objetivo del “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” [Católica Romana] quienes han de promover el quehacer izquierdista hacia la implementación global. Es patente en demasía que el movimiento ha de propagar la agenda social Católica Romana, pues sale a la luz con la frase “justicia social y el bien común.” La justicia en la doctrina social Católica Romana se define con particularidad. Ahora incluye justicia “económica,” la cual es una frase de moda para apelar a la “redistribución de las riquezas de los países ricos a los más pobres.” La carta pastoral de los obispos de EE.UU.AA. de 1995 titulada , “Justicia económica para todos,” declara, “En la doctrina católica, los derechos humanos incluyen no sólo los derechos civiles y políticos sino también derechos económicos… ‘todos tienen el derecho a la vida, comida, ropa, refugio, descanso, atención médica, educación, y empleo.’”13 No obstante, en la Escritura, Dios no habla respecto a derechos. El mandato bíblico resguarda contra la injusticia y concede a los hombres la responsabilidad de ser propietarios de bienes propios y de tomar sus propias decisiones económicas. También le permite al hombre la libertad de fracasar en sus propósitos. La importancia de la verdadera economía es que no ofrece principalmente riquezas y extravagancias sino más bien su oferta principal es una de libertad y responsabilidad personal para ejercer su vida ante Dios en Su universo. Tal responsabilidad lo confronta cara a cara con la ley de Dios, o su propia ley, y con su fracaso inevitable de vivir a la altura de cualquiera de las dos. Le concede la oportunidad de ir más allá de lo que puede ver y controlar, y de buscar lo que de veras es la verdad. Es aquí que la suprema autoridad de la Biblia y del Evangelio lo encaminan a la verdad que necesita en realidad. Es entonces cuando puede comprender que debe depender de Dios mediante Jesucristo. Al contrario, el ímpetu tras los “derechos económicos” (i.e. la “redistribución de las riquezas”), según el llamado de la agenda social Católica Romana, procura trasladar la responsabilidad del individuo ante Dios, y pasarla al estado civil o a la Iglesia Romana, lo cual lo deja desmoralizado. Estas dos instituciones entonces se tornan o en un dios o en un intermediario ilegítimo del verdadero Dios.

La frase “el bien común,” mencionada ocho veces en la DM, es un sobreentendido para hablar del quehacer social Católico Romano. Por tanto, el Compendio oficial Papal declara lo siguiente.

La enseñanza social de la Iglesia exhorta a reconocer la función social de cualquier forma de posesión privada en clara referencia a las exigencias imprescindibles del bien común… El destino universal de los bienes comporta vínculos sobre su uso por parte de los legítimos propietarios… De ahí deriva el deber por parte de los propietarios de no tener inoperantes los bienes poseídos y de destinarlos a la actividad productiva, confiándolos incluso a quien tiene el deseo y la capacidad de hacerlos producir.14

Pocos caen en cuenta que este concepto del “bien común” en la enseñanza católico romana involucra la fuerza del gobierno civil para exigir su cumplimiento, pues requiere la participación de todo individuo.15 Esto mismo es lo que el Papa Benedicto urgió en su encíclica, “Caritas in Veritate” de junio 29, 2009,16 y por lo que también apela el Compendio Papal oficial.18 ¿Cuántos de los evangélicos que han firmado el DM habrán entendido que lo que pareciera ser una inquietud conservadora, apoyada en la Biblia, respectiva a la “justicia y el bien común” – palabras que en America expresamente se derivan al Preámbulo de la Constitución – aquí se ha forjado en una herramienta engañosa que se usaría en contra de ellos? Cuando los evangélicos cristianos firman la DM, el quehacer de la agenda social Católico Romana con sus obligaciones morales que se deben cumplir a la fuerza, es lo que en verdad se está promoviendo. Ese quehacer se opone diametralmente a la Biblia, a la Constitución de los Estados Unidos, y a la Carta de Derechos. Cuando quede enteramente construida, la institución político-religiosa de mayores proporciones prevista por el Papado será totalmente coactiva, así como lo ha sido en todos los regímenes totalitarios. Por tanto, cuando la DM habla de que el catolicismo romano ha sido solidario con la libertad cuando en realidad no lo ha sido, y jamás lo será, es patente que Robert George y sus asesores católico romanos han puesto una trampa para los insospechosos evangélicos en particular.

El propósito ecuménico

No es coincidencia alguna que la agenda del Papa se luzca en la Declaración de Manhattan. Esta Declaración es de igual importancia que la proclamación que impulsó el movimiento “Evangélicos y católicos juntos” de 1994. Las palabras en ese entonces fueron, “No hablamos oficialmente de parte de nuestras comunidades sino desde y hacia ellas.”19 Sin embargo, en esta ocasión, los líderes alegan la unidad cristiana “la cual firmamos como individuales, no a nombre de nuestras organizaciones, sino hablando hacia y por nuestras comunidades.”20 Nuevamente, las mismas palabras no son coincidencia alguna; más bien comprueban el mismo propósito, a saber, que tanto católicos como evangélicos se han de aceptar como “cristianos.” En parte, la razón por el cambio de terminología de “hablando desde nuestras comunidades” es que la Iglesia Católica ha declarado oficialmente que las iglesias evangélicas no son “iglesias” en sentido propio.21 Por tanto, al par que niega reconocimiento a las iglesias evangélicas, la Iglesia Romana utiliza este documento para jactarse no muy veladamente de su poderío institucional de ubicar a los cristianos evangélicos y ortodoxos dentro de la misma casa religiosa. Cuando los dos cardenales, siete arzobispos, y cinco obispos de la Iglesia Católica Romana firmaron el DM, lo hicieron en representación del la Iglesia Católica Romana y del Papado. Esto es evidente pues usaron sus títulos plenarios, en vez de sólo sus nombres de pila y sus denominaciones religiosas. Por ejemplo, los cardenales firmaron, “Su eminencia Adán Cardenal Maida, Arzobispo emérito, Diócesis Católica Romana de Detroit, MI,” y “Su eminencia Justin Cardenal Rigali, arzobispo, Arzobispo Católico Romano de Filadelfia, PA.” Lo mismo se puede decir de la mayoría de los signatarios originales del documento. Esto significa que aunque los signatarios alegan que tan sólo actúan como “individuales, no a nombre de nuestras organizaciones,” es obvio que están usando sus títulos para identificar su estatus y poderío en el mundo religioso. La lista de signatarios tiene la intención de impactar a la gente común de tal modo que en base al “quien es quien” – o la política de personajes – también ellos se animen a firmar. Aquí el falso ecumenismo Católico Romano ha logrado tomar un paso mayor para atraer a los creyentes bíblicos, “poco a poco” dándoles a entender que la Iglesia Católica Romana no es tan diferente de sus propias iglesias evangélicas.

Una táctica básica de la DM es la de omitir en la Declaración aquello en lo que las partes no están de acuerdo. Esta táctica es parte de una estrategia de “dividir y conquistar.” Fue enunciada en 1994 en Evangélicos y Católicos Juntos (ECJ), la cual lograba identificar a los católico romanos como cristianos. De acuerdo a la ECJ, los católico romanos habían de identificarse como cristianos en base a los temas de acuerdo común con los evangélicos en vez de la autoridad de la Biblia sola para definir los temas doctrinales principales que cualquiera que se dice “estar en Cristo” debiera creer. Pero en cuanto a estos temas doctrinales principales todavía no hay acuerdo.

El legado del ECJ es que quince años después, en la DM los temas que definen la identidad de los cristianos todavía no se define en sí. No obstante, los autores intelectuales de la DM tomaron mucho cuidado para aclarar cuando y cómo los católico romanos y los ortodoxos habrían de incluirse como cristianos. Con ese fin, el Preámbulo de la DM simplemente hace declaraciones con respecto a “cristianos” y su legado de acuerdo a la tradición, la mayor parte que pudieran ser aceptadas por el evangélico que lee a la carrera, no tiene formación bíblica, o es ingenuo. Pero en el párrafo final de la sección titulada, “Declaración,” después de hablar de cristianos católicos, ortodoxos, y evangélicos, los diseñadores declaran sin rodeos, “Somos Cristianos que nos hemos unidos a través de las líneas históricas de las diferencias eclesiásticas.” No se ha presentado argumento alguno para decir que las “diferencias eclesiásticas” históricas se han resuelto. Más bien, el acuerdo de llamar a católico romanos ortodoxos “cristianos” se declara como si fuera un gran logro, lo cual lo es para la Iglesia Católica Romana, pero es una gran vergüenza y deshonra para los evangélicos que se han aceptado tal componenda.

Se debe leer la DM en el contexto de su sitio en la red, si es que uno se va a enterar de lo que está por firmar. La Declaración en sí es bastante inocua como declaración y de poco sentido político – con excepción de la Iglesia Católica Romana con su quehacer izquierdista, particularmente en los Estados Unidos. Pero al reconocer y firmar la DM, los evangélicos están avalando al sistema Católico Romano y la Ortodoxia como “cristianos.” Debieran haberse negado a hacer eso. En cuanto al quehacer social católico romano, no obstante, muchos evangélicos simplemente han sido engañados por este astuto documento.

La Escritura declara enfáticamente, “No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.”17 Por tanto los verdaderos cristianos deben tomar una posición decisiva, el Señor Dios no será burlado, ¡Su gloria y Su Evangelio de la gracia están de por medio!


Richard Bennett de “Berean Beacon” Sitio red mundial:

https://bereanbeacon.org/es

El autor concede permiso para hacer copias de este artículo sólamente en su totalidad y sin cambios.

También se concede permiso para colocar este artículo en su totalidad, a las páginas de la red mundial. Traducción cortesía de Haroldo Camacho, Ph.D., www.basartob.com.


1 Sitio red principal, segundo párrafo; http://www.manhattandeclaration.org/.

2 http://www/manhattandeclaration.org/faqs 1/14/2010 Q. 4.

3 No. 42, “Reflections and Suggestions Concerning Ecumenical Dialogue” in Vatican Council II: The Conciliar and Post Conciliar Documents [“Reflexiones y sugerencias tocante al diálogo ecuménico” en Concilio Vaticano II: Los documentos del concilio y post concilio], II, Para. 2 (d). Austin Flannery, O.P., editor, 1981 edition (Northport, NY: Costello Publishing Co., 1975), S.P.U.C., 15 de agosto de 1970, p. 541.

4 Catecisimo de la Iglesia Católica, Para 1129, “La Iglesia afirma que para los creyentes los sacramentos de la Nueva Alianza son necesarios para la salvación (cf Cc. de Trento: DS 1604). La “gracia sacramental” es la gracia del Espíritu Santo dada por Cristo y propia de cada sacramento.” Véase también “What Do Orthodox Christians Believe?” (¿Qué creen los cristianos rtodoxos?) Lamp: 1996 9 Serbian Orthodox Church (Iglesia Ortodoxa o Serbia).

5 Sitio web MD, faqs, Q. 2. 1/14/2010.

6 Catechism, Para. 82.

7 DM, Sección de la DM titulada “Declaración.” 8 Efesios 1, 2:1-9.

8 John Cornwell, Hitler’s Pope: The Secret History of Pius XII (El Papa de Hitler: La historia secreta de Pío XII) (Viking Penguin, 1999).

9 The wording of Papal Rome’s tactical change are given in her official documents “Reflections and Suggestions Concerning Ecumenical Dialogue” in Vatican Council II: The Conciliar and Post Conciliar Documents, Austin Flannery, O.P., editor (Northport, NY: Costello Publishing Co., 1981).

10 Compendium, Sect. 83.

11 Compendium, Sect. 80. Énfasis en el original.

12 Manhattandeclaration.org/for_signers_whats_next 1/14/2010.

13 National Conference of Catholic Bisho s, (Conferencia nacional de obispos católicos); p www.osjspm.org/rights_an _duties.aspx d 2/10/2010

14 Compendio, Sect. 178. É fasis suplido.n

15 Compendium, Sect. 167.

16 http://www.vatican.va/…/encyclicals/…/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate_en.html.

17 “Charity in Truth”, (Caridad en Verdad) Sect. 67.

18 Gálatas 6:7.

  1. http://www.pla.net.py/anglicanos/juntos1.htm. “Evangélicos y católicos juntos: Misión cristiana en el tercer milenio,” 1994, p. 1.

  2. DM, primera oración.

  3. El decreto del Papa Benedicto de 2007 expone, ¿Por qué los textos del Concilio y el Magisterio sucesivo no atribuyen el título de “Iglesia” a las Comunidades cristianas nacidas de la Reforma del siglo XVI? Respuesta: Porque, según la doctrina católica, estas Comunidades no tienen la sucesión apostólica mediante el sacramento del Orden y, por tanto, están privadas de un elemento constitutivo esencial de la Iglesia. Estas Comunidades eclesiales que, especialmente a causa de la falta del sacerdocio sacramental, no han conservado la auténtica e íntegra sustancia del Misterio eucarístico, según la doctrina católica, no pueden ser llamadas “Iglesias” en sentido propio.” En “RESPUESTAS A ALGUNAS REGUNTAS ACERCA DE CIERTOS ASPECTOS DE LA DOCTRINA SOBRE LA IGLESIA.” http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20070629_responsaquaestiones_sp.html.