EL VERDADERO PARADIGMA: JUSTIFICACIÓN POR LA FE VERSUS EVOLUCIÓN

By Richard Bennett 
Apreciado amigo,

La teoría de la evolución sigue siendo uno de los males más perversos de nuestro día. Es tan grave que niega el mismo Evangelio del Señor Jesucristo. Totalmente apoyo el artículo “EL VERDADERO PARADIGMA” por Haroldo Camacho. Por favor pase la voz a otros tocante a este artículo, y si es posible, coloque un enlace al mismo.

Confiando en la providencia y la gracia de Dios,

Richard Bennett

Haroldo S. Camacho, Ph.D.

¿Fue el universo creado por decreto (fiat) o por medio de un proceso de evolución?

¿La creación surgió de la nada (ex nihil) solamente al mandato de la Palabra de Dios? O fue que Dios usó materia preexistente para formar nuestro universo. ¿Ya existía la materia y Dios la usó en la creación, o fue que Dios primeramente creó la materia, y luego nuestro mundo?

¿Hemos de entender el relato bíblico de la creación en Génesis 1 y 2 exactamente como se lee en el texto? ¿De veras fue que Dios creó al universo en seis días de veinticuatro horas? O, ¿hemos de entender toda la historia de la creación en Génesis como la expresión de un mito que dio vida a la naciente comunidad de Israel para corroborar su existencia?

Todas estas preguntas se formulan por la mayoría de los cristianos de hoy.

Hasta hay algunos cristianos agnósticos, que a pesar de la contradicción, apoyan valores éticos cristianos, pero dudan de la existencia de Dios, y aun más de que Dios creó el universo. Sin embargo, sus voces se escuchan como si fueran autoridad en la materia.

Hay diversas y opuestas creencias de la creación que diferentes cristianos sostienen con vehemencia.

La iglesia Católica Romana con su apoyo teológico a la evolución teísta,1 ha radicalizado el debate con los creacionistas evangélicos.2 Los últimos tienden a responder al postulado de la evolución deísta con argumentos provistos por el creacionismo o también incluyendo los del Diseño Inteligente,3 en vez de responder con argumentos teológicos fundamentados en el evangelio de Jesucristo.

Ya que tanto el catolicismo romano como la cristiandad evangélica se han desviado del único artículo de fe sobre el cual dijo Martín Lutero la iglesia cae o permanece en pie,4 es imperativo que el tema del creacionismo vs. la evolución sea juzgado por sólo el artículo de la justificación por la fe sola en Cristo, y en su obra de redención acabada a favor de la humanidad.

La hermenéutica del evangelio resuelve el debate Creación versus Evolución

Se ha prestado muy poca atención a la clave que dio Jesús para comprender las Escrituras. En particular, la manera como Él empleó esa clave a las Escrituras del Tanakah, o lo que hoy conocemos como el Antiguo Testamento. En el aposento alto, después de su resurrección, Él dio a sus discípulos la siguiente lección en cómo interpretar las Escrituras.

(44) Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. (45) Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, (46) y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; (47) y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén (Lucas 24:44-47 LBLA).

“La Ley de Moisés”, o el Torah, comienza en hebreo con una palabra que significa “en el principio.”5 Esta frase introduce la historia de la creación en Génesis uno y dos.6 Estos dos capítulos tienen la función de prólogo a toda la Torah, o el libro de la Ley de Moisés, la misma Ley a la cual se refirió Jesús, que señalaba a su vida, muerte, y resurrección para la remisión de pecados.

Entonces, de acuerdo al Cristo resucitado, la misma historia de la creación, tal cual se narra “en el principio”, señala a su obra redentora, para proclamarse en su nombre para salvación a todas las naciones.

Por tanto el debate Creación versus Evolución Deísta entre los cristianos debe resolverse por la piedra de toque de la interpretación bíblica: “Cristo, y éste crucificado” (1 Corintios 2:2; Lucas 24:44-49), y el significado de que Cristo se entregó a sí mismo, como “la verdad del evangelio.” En la Escritura, “la verdad del evangelio” no es nada más sino el artículo de la Justificación por la Fe (Gálatas 2:14-16); Romanos 4:25). Este artículo es la clave de la interpretación bíblica que nos abre la mente a todas las Escrituras (Lucas 24:45-47). Por tanto el artículo de la justificación por la fe cambia el paradigma para entender la relación entre la creación y la ciencia. Ya no es Creacionismo versus Evolución (y Evolución Teísta), sino Justificación por la Fe versus Evolución (y Evolución Teísta).

durante la explosión cambriana aproximadamente 530 millones de años atrás” (http://www.intelligentdesign.org). Técnicamente, el creacionismo y el diseño inteligente no se adhieren a los mismos postulados. No obstante, las conclusiones del diseño inteligente son empleadas por los creacionistas para apoyar sus convicciones. 4 “Articulus stantis vel cadentis ecclesiae.” 5 Bereshit.

6 “Génesis”, es un término griego que significa “origen.”

La Creación por fiat es un preludio a la Palabra de Dios que justifica

En la Escritura, la justificación siempre es la declaración judicial, dada por fiat de Dios como Juez supremo, que la justicia de Cristo se imputa (acredita) al pecador creyente. Justificación jamás es un proceso por el cual la gracia infusa o impartida de Dios se evoluciona en una justicia de mayor valor dentro del creyente. La creación de nuestro universo sólo por fiat divino, o por decreto de Dios, es un precursor al decreto divino que imputa la infinita perfecta justicia de Cristo al creyente. La enseñanza de la evolución teísta como el proceso paulatino de la creación, es poner el fundamento para otro evangelio.

Este “otro evangelio” enseña que el pecador comienza en caos espiritual, pero mediante los méritos de congruencia y obras virtuosas,3 ayudadas por la chispa de la imagen divina, el creyente lentamente evoluciona a un ser más espiritual que supera todo defecto y pecado hasta que con el tiempo alcanza su meta de evolucionar a un ser divino, como Dios.

Esta mentalidad es un eco de la mentalidad de Lucifer, el arcángel, cuando se halló en él maldad. Su maldad se halló en una premisa de su propio invento, que él sí podía evolucionar y llegar a ser como Dios. Lucifer se engañó a sí mismo con la idea que él lograría cambiar de especie, de evolucionar de un ser creado hasta convertirse en un ser divino.

  1. Tú, querubín ungido, protector; yo te puse así; en el santo monte de Dios estuviste; en medio de piedras de fuego has andado.
  2. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad (Ezequiel 28:14,15).
  1. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo, en lo alto junto a las estrellas de Dios levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte;

  2. Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo (Isaías 14:13,14).

La teoría de la evolución, y de la evolución deísta hacen eco de esta primera reflexión ontológica dentro del querubín protector, que pretendía romper la barrera entre la creación y el Creador.

Esa es la misma mentira que el padre de mentiras susurró a oídos de Adán y Eva en el Edén cuando les insinuó, “Sereis como dioses” (Génesis 3:5).

Igualmente, es la misma tentación que propone muy sutilmente con el falso evangelio de la gracia impartida mediante el poder del Espíritu Santo. El engaño es eficaz, o de otra manera no sería engaño, pues involucra a la persona del Espíritu Santo para difamarlo envolviéndolo en el engaño.

Este es el engaño que se difunde hoy en el cristianismo popular. El argumento central de la mentira es este: Dios infunde gracia en el corazón del pecador mediante el Espíritu Santo. Esa gracia lentamente lo convierte en un ser más justo, siempre perfeccionándolo más y más, hasta que llega a ser como Cristo. Por tanto, por ese logro será justificado. Al desenmascarar esta artimaña no estamos negando que el creyente en todo aspecto querrá ser como Cristo, y que recibirá el Espíritu Santo, pero no por eso será justificado. El creyente será justificado solamente por el glorioso logro de Jesucristo, de dar su vida en rescate por todo pecador creyente.

Por tanto, la Evolución Teísta crea una plataforma a manera de espejo para el falso evangelio de la gracia infusa, y una justificación falsificada que se apoya en las obras de la ley, de la santificación, y hasta por todo el amor que se haya difundido al corazón del creyente. Pero ni aun nuestro amor a Dios puede justificarnos, pues la justificación es solo por la fe, aparte de la ley, y el amor es el cumplimiento de la ley (Mateo 22:36-40).

De tal modo que la falsa justificación se apoya en los procesos de crecimiento y desarrollo de la evolución deísta, y no en el fiat divino que se concede solo por la gracia. La falsa justificación alega que el ser humano se evoluciona en una persona justa mediante la gracia que Dios le infunde dentro de su corazón. Ya que la teoría de la evolución deísta acepta la premisa de la sobrevivencia de los más fuertes, esa misma premisa se encuentra en el falso evangelio. El creyente que pone lo mejor de su parte en todo lo que tiene que hacer, y se esfuerza constantemente por alcanzar nuevos logros de fe, utilizando la fuerza divina impartida, será justificado. Usando la terminología de la evolución teísta, se habrá evolucionado en un ser espiritual más poderoso porque ha sobrevivido todos los ataques contra su desarrollo evolucionario espiritual.

El cristianismo evangélico carismático, pese a su popularidad, no ostenta mucha ventaja sobre la doctrina de la justicia infusa del catolicismo romano. El falso evangelio del carismatismo, difundido por toda la cristiandad, dicta que el creyente debe estar tan lleno (infundido) del Espíritu Santo, que llegará a un estado de entera santificación. Debido a su evolución hasta alcanzar la santidad perfecta podrá entonces ser justificado. Pero la Escritura, con la enseñanza de la creación por decreto, y de una obra ya terminada, señala a la verdadera doctrina de la justificación, la cual es por decreto divino en la obra acabada de Cristo considerada a favor del creyente y recibida sólo por la fe. El Espíritu se da para consolar al creyente en esta obra consumada y perfecta de Cristo, concediéndole paz para con Dios (Romanos 5:1).

Tanto la Evolución Teísta, la doctrina Católica-Romana de la Justicia Infusa, y el carismatismo evangélico, van contra la fe, y sus postulados están arraigados en la filosofía y la razón humana. No son de fe, pues plantean un fundamento para la justificación por las obras, siendo que la justificación es por la fe sola. Reducen el “teísmo” (la doctrina de Dios), a los postulados de la razón humana, los cuales confían solamente en sus propias cavilaciones.

Pasajes de la Escritura que enlazan a la Justificación con la Creación

Por tanto, negar la creación por fiat y convertirla en evolución teísta, es un atentado contra el fundamento bíblico de nuestra justificación. Mas bien, en la Escritura, la justificación y la creación por fiat, o decretada por la Palabra de Dios, están estrechamente vinculadas. “Por la Palabra del Señor fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca” (Salmo 33:6). Este sorprendente pasaje resume el relato de “en el principio” de Génesis uno, en el cual la creación existe por decreto divino: “y dijo Dios.” No obstante, antes de este resumen, viene una recitación de la justicia de Dios y cómo esta justicia se despliega por toda la tierra.

(1) Cantad de júbilo en el SEÑOR, oh justos; apropiada es para los rectos la alabanza. (2) Dad gracias al SEÑOR con la lira; cantadle alabanzas con el arpa de diez cuerdas. (3) Cantadle cántico nuevo; tañed con arte, con voz de júbilo.

  1. Porque la palabra del SEÑOR es recta; y toda su obra es hecha con fidelidad.
  2. El ama la justicia y el derecho; llena está la tierra de la misericordia del SEÑOR (Salmo 33:1-5 LBLA).

El versículo uno introduce al salmo con una invitación a adorar a YHWH (“el Señor”) fervorosamente.4 El llamado se hace a los “justos.” Aquí “justos”5 es un derivado de un verbo hebreo que significa justificar, o declarar justificado,6 dependiendo del modo verbal.7 Por tanto, la acepción en particular “justos” significa precisamente “justos” por haber sido justificados y vindicados por Dios.8 El llamado a la adoración, se dirige a los justos porque han sido justificados, o declarados justos por Yahweh. Estos justos también se denominan con el sinónimo “rectos.”13 Esta palabra incluye rectitud moral, una postura erguida, alguien que no se ha doblegado por la vergüenza o la culpa, sino que puede presentarse erguido ante Yahweh. Pero, los “rectos” en el salmo no son los que están evolucionando hacia la “rectitud”, sino que ya son considerados “rectos” por haber sido justificados por Yahweh. Estos justificados y rectos adoradores reciben el llamado a cantar un cántico “nuevo” (v. 3). Este no es un cántico que añora o desea la rectitud, ni es un cántico que anhela la esperanza de justicia. No, ese era el cántico “viejo.” El cántico es “nuevo” debido a su postura de “justificados” ante Dios, y en particular por la manera como se les concedió ese status, tal cual el salmo sigue por describir. Por tanto, el primer tema principal del salmo es que los justificados alaban a Yahweh con fervientes cánticos y adoración.

El versículo cuatro introduce el segundo tema principal del salmo: el poder, la eficacia, y la perpetuidad de la “Palabra” de Yahweh. Esta “Palabra” no es otra que el decreto que procede de la boca de Dios. La “Palabra” es el “dabar” de Yahweh, o el mandato, decreto, sentencia, el cual no se puede revocar (Números 23:20). Esa “Palabra” de Yahweh es el decreto de Dios por el cual justifica a los pecadores y lleva a los justificados a cantar un cántico nuevo.

En el versículo cuatro, la misma “Palabra” de Dios es “recta.” Ya que la Palabra de Yahweh es “recta”, Dios mismo es recto. Por tanto Dios puede decretar “rectitud” o “justicia” sobre los que Él justifique. Por tanto, los actos justificadores de Dios también son rectos.

Luego, en el versículo cuatro, la “Palabra” de Dios está inseparablemente vinculada a la “obra” de Dios. Las dos frases de este versículo son un ejemplo del paralelismo poético hebreo, el cual repite un solo tema en dos frases consecutivas a fin de recalcar su significado. Obsérvese las siguientes frases paralelas.

Verso Cuatro, primera frase: “La palabra del SEÑOR es recta.”

Verso Cuatro, segunda frase: “Toda su obra es hecha con fidelidad.”

Por tanto la obra de Dios se cumple mediante su Palabra. Yahweh lleva a cabo toda su obra mediante su Palabra fiel.9 La obra de Dios es el resultado inmediato de su Palabra, por tanto la una es una consecuencia directa e inmediata de la otra. Las dos son inseparaables.

El versículo cinco es un resumen y acopio del tema anterior: El poder y la eficacia del decreto justificador de Yahweh es muestra de su amor a toda la tierra. “Él ama la justicia y el derecho; llena está la tierra de la misericordia (chesed) del SEÑOR” (v. 5).

Chesed10 es la misericordiosa bondad y buena voluntad de Dios hacia la tierra. La misericordia (“Chesed”) es la obra amorosa de Yahweh. Él ama (“ahab”) la obra de conceder misericordia mediante su Palabra justificadora. La obra de Yahweh es la de justificar mediante su Palabra que decreta justicia sobre los moradores de la tierra.

Como un ejemplo del poder y la eficacia de la Palabra justificadora de Dios, y de cómo Dios justifica a los que necesitan de su bondad misericordiosa, el salmista entona el canto de la creación: “Por la Palabra del Señor fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca” (v. 6).

La conexión es innegable. A fin de proveer apoyo y fundamento para la obra de Dios que justifica mediante el decreto de su Palabra, el salmista entona la historia del “bereshit”, la historia de “en el principio, Yahweh hizo los cielos y la tierra.” El salmista entona las primeras palabras de la ley, las cuales ya señalan a la obra justificadora de Dios en Cristo: “Y dijo Dios… y fue así.” La creación por fiat (decreto) es el fundamento para la verdad que Dios justifica al injusto por medio de un fiat, o decreto, fundamentado en las obras de Dios. Estas obras de Dios preceden a la creación del hombre y la mujer. Adán y Eva no participan para nada en su propia creación, ni en la creación de su habitat. Ellos están completos en Él. El Señor es su pastor, y nada les falta. Dios decreta que ellos y su creación son “buenos en gran manera.” Mediante su Palabra de gracia y aliento de amor, Dios crea y justifica su existencia. Ellos llegan a existir junto con toda la creación como testimonio del poder y la eficacia de la Palabra de Dios que puede crear por fiat o decreto, todo lo que los humanos necesitarán para su existencia.

En el versículo nueve, es como si el salmista introdujera un crescendo en el cántico a fin de recalcar el poder y la eficacia de la Palabra de Dios: “Él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió” (v. 9). Este decir y mandar de Dios no se refiere sólo a la creación. También confirma la manera como Yahweh hace las dos cosas: justifica al injusto y crea la plenitud del universo. Dios hace estas dos cosas mediante su poderoso decreto que crea gloriosa abundancia y plenitud por el poder de su Palabra. Dios justifica al injusto de la misma manera por la que Dios decretó que apareciera la creación: de la nada (ex nihil), por sólo el decreto de su boca. Así también se imputa la justicia mediante la justificación. Para el salmista, la adoración jubilosa es la expresión de fe por la que esta justicia o rectitud moral se recibe.

El salmo continua mostrando un contraste entre la justicia de Dios y la justicia de los hombres. La justicia de Dios permanece y es capaz de salvar mediante su decreto de la justificación. Al contrario la justicia de los hombres, aun de los más poderosos, no los puede salvar. “El rey no se salva por gran ejército; ni es librado el valiente por la mucha fuerza. Falsa esperanza de victoria es el caballo, ni con su mucha fuerza puede librar” (Salmo 33:16-17 LBLA).

Sin embargo, la obra justificadora de Dios se cumple mediante su Palabra que decreta justicia, y es la fuente de salvación, así como la misma Palabra fue la fuente de la creación de todas las cosas.

(18) He aquí, los ojos del SEÑOR están sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, (19) para librar su alma de la muerte, y conservarlos con vida en tiempos de hambre (Salmo 33:18-19 LBLA).

La obra salvadora y justificadora de la Palabra de Dios, que decreta justicia sobre los injustos se recibe sólo por la fe, tal cual lo declara el salmista en lo que resta del salmo.

(20) Nuestra alma espera al SEÑOR; El es nuestra ayuda y nuestro escudo; (21) pues en El se regocija nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. (22) Sea sobre nosotros tu misericordia, oh SEÑOR, según hemos esperado en ti (Salmo 33:20-22 LBLA).

El vínculo entre el evangelio de la justificación por la fe, y la creación por el decreto de Dios, es irrebatible y claro a lo largo de las Escrituras. Este salmo no es el único que demuestra el enlace que hay entre la creación y la justificación. “Los entendidos brillarán como el resplandor del firmamento, y los que guiaron a muchos a la justicia11, como las estrellas, por siempre jamás” (Daniel 12:3 LBLA). La creación por decreto divino es la vasta ayuda visual por la que podemos comprender y regocijarnos, junto con el salmista, con gran júbilo en la gran obra de Dios al justificarnos misericordiosamente mediante la vida, muerte, y resurrección de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

Martín Lutero, hace más de 500 años, señaló hacia la creación como una ilustración de nuestra justificación. Comentado sobre la justificación que Dios concedía a los pecadores, Lutero dijo,

Pues Dios es el Dios del humilde, del miserable, del afligido, del oprimido y desesperado, y de todos los que son abatidos hasta la nada; y es su naturaleza exaltar al humilde, dar de comer al hambriento, devolver la vista al ciego, y consolar al miserable y afligido, justificar a los pecadores, dar vida a los muertos, y salvar a los desesperados y condenados. Pues Él es el Todopoderoso Creador, que hace todas las cosas de la nada.12

Lutero precisa acertadamente el vínculo, perdido al pensamiento evangélico-católico de hoy, que así como la Palabra de Dios creó el universo de nada preexistente, así también la Palabra de Dios declara al injusto, como si fuera justo y bueno. El pecador no contribuye ninguna justicia preexistente, ninguna buena voluntad, u obra alguna. Dios imputa, mediante el poder declaratorio de su Palabra, la justicia de Cristo al impío y pecador. Son declarados justos, tan ciertamente como si fueran tan santos, obedientes, puros, y justos como Jesús, el Creador.

Dios no sólo creo el universo de nada preexistente. Dios tampoco acudió a ninguna materia o proceso alguno impulsando a la creación para que evolucionara por sí sola. La creación de Dios fue “buena en gran manera”, y fue terminada, cumplida, y consumada en el sexto día de la creación. Aun lo que hoy se percibe como el nacimiento de estrellas ya se había declarado terminado y acabado al terminar los seis días de la creación. De la misma manera que Dios no es deudor a ninguna obra humana preexistente a la fe para justificar al pecador, tampoco Dios es deudor a ninguna obra humana después de la justificación como obra que confirma la salvación, como si la salvación fuera un proceso evolutivo, o una obra en progreso, que se termina paulatinamente. En otras palabras, el hecho de una creación acabada, es un reflejo de la obra de Dios terminada y acabada en Cristo Jesús para justificar al pecador, el cual nada contribuye a su salvación ni antes ni después de la justificación. La justificación es la declaración de la Palabra de Dios que el pecador es declarado justo por la imputación de la justicia de Cristo, y no porque el pecador poco a poco se convierte en justo por medio de la gracia infusa o impartida. El pecador no evoluciona en un ser justo por medio de un proceso pausado, sino porque el pecador es declarado justo por la Palabra de Dios, la cual declara al pecador justo como si el pecador fuera totalmente sin pecado e inocente. Los pecadores justificados no contribuyen justicia alguna a su justificación, así como la creación completa y acabada no siguió evolucionando en organismos y seres más y más complejos después de la creación. Añadir cualquier proceso de evolución después de la creación es preparar el fundamento para el falso evangelio que permite la evolución de la justicia humana contribuyendo buenas obras para la justificación de los pecadores.

El falso evangelio se fía en las obras humanas en obediencia a la ley como el comprobante que Dios necesita ver en el creyente antes de dar su decreto de justificado. Este amparo en las obras humanas de obediencia a la ley se debe a un falso concepto de lo que es la más grande realidad del universo. Para la persona que cree en Dios y en la evolución, la realidad del universo radica en la materia, en lo demostrable, en lo que se puede ver. Pero para el que ha sido justificado sólo por la fe, existe una mayor realidad.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve… Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se ve (Hebreos 11:1,3).

La misericordia y el amor de Dios desplegados en la cruz son la gran realidad de la existencia de Dios, desde antes de la creación, pues Cristo es el Cordero de Dios inmolado desde antes de la fundación del universo. La creación del universo es la gran ayuda visual del amor y la misericordia de Dios. Y esta realidad se puede apreciar sólo por medio de la fe. La realidad del amor y la misericordia de Dios es preexistente a la materia, pues ya desde antes de la creación, Jesucristo ya se había sido entregado en sacrificio a fin de establecer a la creación eternamente.

La gran realidad para los deístas evolucionistas (que también representan al falso evangelio) es la materia y las obras. Pero la gran realidad para los justificados solo por la fe, radica fuera de ellos, en la persona de Jesucristo. Como prueba de su justificación, ellos no ofrecen sus propias obras ni su propia obediencia. Ellos no ofrecen nada de su propia realidad. Ellos ofrecen la prueba de la fe en la resurrección de Jesucristo. (Romanos 4:25; 5:1).

El poder declarativo de la Palabra de Dios

La frase “Y dijo Dios” se repite nueve veces en el relato de la creación en Génesis uno.13 En el relato de la creación, cuando Dios habla, es su Palabra creativa la que produce la existencia de la creación, enteramente por su decreto. Cada vez, su Palabra trae a la existencia un aspecto de la creación que no existía antes. Es el fiat, o mandato de la Palabra de Dios, que manda que exista toda materia, en todas sus formas, dimensiones, extensiones, desde las nano partículas hasta las quantum, y ordena que existan de “lo que no se ve.”

El énfasis en el relato de la creación recae sobre el decreto emitido por la Palabra de Dios, en su mandato, o declaración.

La introducción a la Escritura hebrea14 describe el poder de la Palabra declaratoria de Dios, atestiguando que Dios creó toda la materia de la nada. Por tanto, cuando Jesucristo en el aposento alto le dice a sus discípulos que la Ley se cumplió en su vida, muerte, y resurrección, para la remisión de pecados, Él se precisa a sí mismo como la Palabra declaratoria de Dios que crea todo de la nada.20 Ya que Él puede crear todo de la nada, ciertamente Él puede imputar libremente mediante el decreto de Dios, su justicia para remisión de pecados. Su justicia es imputada libremente mediante el poder declaratorio de su mandato divino. Los pecados son perdonados solamente en base a su Palabra creativa, que decreta el perdón, cuando en la cruz Él declaró las palabras “Consumado es.” Es solamente en base a su obra acabada, tal cual la declara su Palabra, que los pecados son enteramente perdonados.

Por tanto, el relato de la creación, introduce a la Palabra de Dios, que crea por decreto o mandato divino. Es esa misma Palabra que con el mismo poder de decreto divino declara al injusto como si fuera íntegramente justo, al imputar la justicia de la Palabra a todos los que creen en su decreto creativo y declaratorio de perdón de pecados. Por eso, la realidad de la justificación por la fe fue introducida en la creación por medio del fiat de la Palabra de Dios que “dijo y fue hecho; mandó, y existió” (Salmo 33:9). Por lo que la justificación es un decreto judicial emitido a viva voz, lo mismo que se dijo de la creación se puede decir de cómo Dios justifica a los pecadores: “Él dice y es hecho, manda, y somos justificados.” Mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia” (Romanos 4:5). Tal es el decreto de nuestra justificación, emitido por la Palabra de Dios.

El fundamento, o la base jurídica por la que Dios justifica, se estableció desde antes de la creación.

(18) sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, (19) sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo. (20) Porque El estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros (21) que por medio de El sois creyentes en Dios, que le resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y esperanza sean en Dios (1 Pedro 1:18-21 LBLA).

El apóstol Pedro de inmediato establece el vínculo que estamos re-estableciendo aquí, ese enlace entre la Palabra creativa y declaratoria de Dios, y la redención de los pecados mediante esa misma Palabra, confirmada por la resurrección de Jesucristo.

(23) siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra del Dios, viviente y que permanece para siempre. (24) Porque: Toda carne es como la hierba, y toda la gloria del hombre, como la flor de la hierba. Se seca la hierba, y la flor se cae; (25) mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la Palabra que por el Evangelio os ha sido anunciada (1 Pedro 1:23-25 SSE).

La buena nueva del Evangelio es que “no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo” (1 Pedro 1:18,19). Ese precio de rescate es eficaz a los “creyentes” (v. 21) en su Palabra redentora que lo declara hecho.

Esa Palabra fue dicha aun antes de la creación: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor” (Efesios 1:4). Somos “santos y sin mancha delante de él en amor” mediante su Palabra que decreta la justicia de Cristo imputada a nuestro favor: “Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado” (Juan 15:3).

Dios reposa sobre la obra acabada de la Palabra que garantiza nuestra justificación

El relato del reposo de Dios viene después de dos declaraciones. Una, que “Dios vio que todo lo que había hecho, y he aquí, era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Segunda, que esta creación “buena en gran manera” hecha por su Palabra, había sido “acabada o consumada” (Génesis 2:1). Es la obra acabada de la Palabra, esa obra que es “buena en gran manera” la que se entrega gratuitamente al hombre y a la mujer. Ellos no participan en la obra de la creación.

Sus esfuerzos no contribuyeron en nada para que la Palabra decretara la creación. Los dones de la creación fueron entregados a ellos por causa de la obra terminada de la Palabra. El hombre y la mujer han de existir en la creación guardándola y labrándola. Se les dio en abundancia. Ellos no comenzaron desde un estado de insuficiencia. Ellos no están encorvados en desarrollo físico, intelectual, o emocional. Ellos no surgen de la más mínima forma de vida a una forma cada vez más compleja de existencia. Ya en su comienzo, nada les falta, tienen plenitud, están completos. Toda la riqueza de la creación ya es de ellos. Así lo es con nuestra justificación. No comenzamos añadiendo buenas intenciones ni obras que se van acumulando como méritos hacia nuestra salvación. Comenzamos con la plenitud de las riquezas de la justicia de Cristo que libremente se nos decreta imputada a nuestro favor. La obra acabad de la creación atestigua a esta integridad aun desde el principio de la historia de la humanidad.

Cuando Jesús en el aposento alto enseñó a sus discípulos que la ley de Moisés señalaba a su obra de redención, Él estaba enseñando que la hermenéutica15 de la Justificación por la fe ha de ser empleada en toda la Escritura, incluyendo la historia de la creación. Es sobre ese fundamento, que se puede ver el vínculo entre la justificación y la creación por todo el relato del Génesis. Este vínculo se confirma mediante el relato del reposo de Dios en la obra terminada de la Palabra.

Estas dos declaraciones, que la creación fue dada “buena en gran manera” y que Dios reposa en esa obra sobremanera grande” aquí al principio del Torah (la Ley de Moisés), también apuntan a Cristo como el “Autor y Consumador de nuestra fe.” Los siguientes textos en donde se encuentra la palabra “terminado” se emplean con respecto a la creación y a la obra acabada de Cristo como la Palabra de Dios, se relacionan todos entre sí. La palabra griega para “terminado” es Teleow. La Septuaginta la emplea en Génesis 2:1, y las versiones griegas en Juan 19:13, y Hebreos 12:3.

Génesis 2:2 (SSE): Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho.

Juan 19:30 (SSE): Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, dio el Espíritu. (Cf. Juan 4:34; 5:36; 17:4).

Hebreos 12:2 (SSE): Puestos los ojos en el Autor y Consumador de la fe, Jesús, el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió el madero, menospreciando la vergüenza, y fue sentado a la diestra de Dios.

Juan 17:4 (SRV): Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese.

Hebros 4:3, 10, 11 (LBLA): Porque los que hemos creído entramos en ese reposo, tal como El ha dicho: COMO JURE EN MI IRA: “NO ENTRARAN EN MI REPOSO”, aunque las obras de El estaban acabadas desde la fundación del mundo… (10) Porque el que ha entrado en su Reposo, también él ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. (11) Apresurémonos, pues, de entrar en aquel Reposo, que ninguno caiga en semejante ejemplo de incredulidad (SSE).

En todos estos pasajes, incluyendo el versículo de la Torah (Génesis 2:2), la palabra empleada para “acabar” transmite el significado de consumación, de concluir cierta obra, como también de generar o crear cierta obra y traerla a su fin o plenitud.16 El concepto que se comunica es que lo que se había planeado con intención ha llegado a su pleno y perfecto cumplimiento.

Por tanto, a la luz de Lucas 24:44-7, el cumplimiento del reposo sabático en Génesis 2:2 no se trata de la observancia de un día, sino que tiene su cumplimiento en las obras acabadas y consumadas de la Palabra de Dios al traer a la existencia la creación y la realidad mayor a la que apuntaba: la redención mediante el sacrificio perfecto del Mesías justificaría a toda la humanidad. La perpetuidad de la creación se garantizaría mediante la obra redentora de la Palabra, la cual proveería justificación para toda la humanidad, que creyendo en su obra consumada, tendría perfecta justicia decretada a su favor.

Por tanto Dios reposó en la obra consumada y plenamente acabada de la Palabra. De este mismo modo somos llamados a reposar en la obra acabada de Cristo como nuestro nuevo reposo en Él.17 Todos los que creen en su Palabra de Justificación entran en su eterno reposo solo por la fe. No hay obra mayor de la Palabra que la de justificar a pecadores que creen en Él. Así como Dios reposó al final de la creación en la obra consumada de la Palabra, así se invita hoy a pecadores a reposar en la obra concluida por la Palabra: Su perfecto y total sacrificio para la justificación de la humanidad. “Consumado es”, es el grito que surge de la cruz, y en esa Palabra está el fundamento para la justificación de todos los pecadores.

La primacía y preeminencia de Cristo entre toda la creación

Uno de los pasajes más contundentes tocante a Cristo el Justificador de pecadores preanunciado en la creación se encuentra en Colosenses 1:15-17.

(15) Y el cual es imagen del Dios invisible, primogénito ante toda criatura; (16) Pues en él fueron criadas todas las cosas en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, ora tronos, ora dominaciones, ora principados, ora potestades: todas las cosas fueron criadas por él mismo y en atención a él mismo; (17) Y así él tiene ser ante todas las cosas, y todas subsisten por él (Colosenses 1:15-17 [Serafín Ausejo]).

Aquí Ausejo precisa la traducción del griego “primogénito”, enfatizando la preeminencia y autoridad de Cristo “ante toda criatura.”18 Tanto en la versión griega del Antiguo Testamento,19 y en el Nuevo Testamento griego, el énfasis de “primogénito” no recae sobre orden de nacimiento, u origen, sino sobre la preeminencia y la autoridad del descrito como el primogénito.20 Ya que todo fue creado por Él, Cristo mismo no fue creado.21 Más bien, todo lo creado existe “por medio de él y para él. Y él es antes que todo, y todo continua existiendo en él” (Colosenses 1: 16,17).22 Por tanto todo lo que existe en el orden creado existe para glorificar a Cristo por su obra más grande, la obra de justificar a pecadores mediante su perfecta vida, sacrificio, y su resurrección. La intención del apóstol es la de vincular a la creación con la obra de Cristo de perdonar y redimir a pecadores. Esto es obvio a partir de los versículos que vienen antes y después de nombrar a Jesús como preeminente sobre toda la creación.

(12) Dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en luz. (13) Porque El nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado, (14) en quien tenemos redención: el perdón de los pecados (Colosenses 1:12-14 LBLA).

(19) Porque agradó al Padre que en El habitara toda la plenitud, (20) y por medio de El reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz, por medio de El, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos. (21) Y aunque vosotros antes estabais alejados y erais de ánimo hostil, ocupados en malas obras, (22) sin embargo, ahora El os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte, a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de El, (23) si en verdad permanecéis en la fe bien cimentados y constantes, sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, que fue proclamado a toda la creación debajo del cielo, y del cual yo, Pablo, fui hecho ministro (Colosenses 1:19-23 LBLA).

Estos textos claramente son referentes a la justificación por la fe. Los versículos 12 y 13 se refieren al gran intercambio que toma lugar en la justificación. Nuestros pecados son colocados sobre Él, y su justicia es imputada a nosotros. Por tanto somos “trasladados” del dominio de la oscuridad de nuestros pecados, al reino de su amado Hijo. Nuestra oscuridad fue imputada a Él para que la luz de su justicia fuera imputada a nosotros.

Los versículos 19 y 20 apuntan a la razón por la reconciliación obtenida mediante la justificación: su sangre derramada nos trae paz con Dios. Este es precisamente el mensaje de Romanos 5:1, “Por tanto, habiendo sido justificados, por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Ya que nuestros pecados fueron colocados sobre su cuerpo, se nos presenta “santos, sin mancha e irreprensibles delante de El.” Esta es la sentencia divina que describe el resultado del decreto de nuestra justificación.

Sin embargo, la declaración más contundente que vincula a la justificación con la creación se reserva para lo último. Pablo simplifica la conexión entre la justificación y la creación diciendo que el evangelio que le han oído predicar “se predica en toda la creación que está debajo del cielo.”23 Pablo declara que es ministro de este evangelio. En otras palabras, el evangelio de la justificación por la fe, el cual él recibió para predicar entre los gentiles, ya ha sido predicado en la misma creación. Pablo desea que comprendamos que el evangelio de la justificación por la fe se predica por medio de la creación de Dios tal cual se narra en Génesis uno y dos. La preposición griega es clara que aquí el evangelio no se predica hacia toda la creación, sino que el evangelio se predica en o por medio de toda la creación como testimonio de los hechos redentores del preeminente y divino Salvador, Jesucristo.24 De tal modo que aquí se presenta una premisa para el estudio de la creación. La premisa es que cada aspecto y detalle de toda la creación, en toda su expansion, desde las partículas más pequeñas hasta los cuásares más distantes instruyen en el evangelio y la misericordia de Dios en Cristo Jesús.

Por tanto, el paradigma para entender la relación entre la ciencia y la fe no está en el debate de la creación vs. la evolución o la evolución deísta. El paradigma no trata de cómo los argumentos del creacionismo pueden explicar el relato bíblico de la creación. El paradigma está en cómo la creación (según se narra en la Escritura) predica el evangelio de la justificación por la fe.

El verdadero desafío ante el científico cristiano es investigar cómo el relato bíblico de la creación predica y anuncia la justificación por la fe. El científico cristiano señalará a la creación como la realidad más contundente de las riquezas y el poder de Dios en Cristo, su Palabra, para justificar a todo pecador.

La obra contraria es la de aquellos que se dedican a aniquilar por completo la doctrina de la Justificación por la fe, no solo al inyectar la justicia infusa en su definición, sino también al proveer una plataforma de evolución deísta sobre la cual construir una doctrina falsa de la justificación fundamentada sobre la evolución.

Por ejemplo, el proyecto STOQ, del catolicismo romano, se dedica a esa obra demoledora de la fe.25 El nombre entero lo dice todo por sus siglas en inglés: Ciencia, Teología, y la Búsqueda Ontológica.26 Aquí no hay ninguna creación “acabada”, ni tampoco ninguna salvación consumada. Aquí la ciencia tiene la prioridad, la teología es secundaria. Ni la teología es bíblica, mucho menos tocante a la justificación por la fe. Tanto la creación como la teología se reducen a una “Búqueda Ontológica.” La frase “Búsqueda Ontológica” es el nombre filosófico para extirpar a la fe de la justificación, y sustituirla con la contribución de las obras humanas, o la evolución de la justicia. Así como un entendimiento literal del relato bíblico de la creación es la plataforma para la justificación por la fe, la evolución teísta es la plataforma sobre la cual se construye una justicia que se evoluciona en base a las obras, la razón, y la ley.

Así como en la teología, el catolicismo romano ha liderado en el aniquilamiento del artículo de la Justificación por la fe sola. Este adverso logro lo alcanzó con su Declaración Conjunta sobre la Justificación por la fe. De igual manera ahora Roma lidera en abolir la plataforma de la creación como el medio por el cual predicar el evangelio de la Justificación por la fe.27

El mismo proyecto STOQ declara que su intención es de compenetrarse en “diálogo e integración” entre la “ciencia, filosofía, y teología.” Obsérvese el orden de importancia en el cual la teología es la última y al integrarse a los primeros dos, es la de menor importancia y la que pierde su razón de ser.

Las mismas palabras del objetivo de STOQ se atribuyen al Papa actual, Benedicto XVI. STOQ cita las palabras del Papa, que expresó la “necesidad de integrar a la razón con la fe de tal modo que la razón no presuma ser absoluta convirtiéndose en causa de opresión en vez de libertad para la humanidad, y que la fe no se rinda ante la superstición.”34 Ni el Papa ni STOQ precisan como la “fe se rendiría ante la superstición” en caso que la ciencia, la filosofía, y la teología no llegaran a integrarse. Dados los postulados de la evolución teísta, auspiciada por STOQ, “la fe rendida ante la superstición” sería igual a que el relato de la creación predicara el evangelio de la Justificación por la fe. Pues el objetivo de STOQ no es la fe, ni de confesar la fe, ni de declararla, mucho menos de proclamar el evangelio. En su mejor momento, la “búsqueda” principal de STOQ es la de “explorar la posibilidad de poder llegar a ser creyentes, al amanecer del Tercer Milenio, sin renunciar al progreso científico.”28

Recientemente, en una conferencia promovida como una reflexión sobre la “Ontogénesis” (el inicio de la vida humana), Mons. Elio Sgreccia, Presidente de la Academia Pontificia a Favor de la Vida, aseveró la “afirmación del ser humano, considerado como tal desde el momento de la fertilización, como una sustancia viviente individualizada, y como una persona en el sentido moral y ontológico, capaz de relacionarse y de alcanzar la realización de su propia persona.” Con esta descripción del inicio del individuo no hay necesidad alguna de ser justificados. No nacemos pecadores. No fuimos concebidos en pecado. Pero el testimonio bíblico tocante a la naturaleza humana es lo contrario: “He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:4 LBLA). ¿Qué dirían los eruditos de STOQ de este testimonio del salmista que asienta la naturaleza caída de todo hombre? ¿Qué creerla es tan sólo superstición? La clara intención de este erudito es la de formular una definición del origen del individuo que se preste a la evolución espiritual, negando toda necesidad de la justificación sólo por la fe.

Otro conferenciante en el mismo evento, Vincenzo Cappelletti,36 dirigió la pregunta, “¿Qué es la vida?” Como respuesta, propuso la frase del fisiólogo Claude Bernard (1813-1878), que respondió, “La vida es hacer algo.” Cappelletti luego procede con la asombrosa declaración que tal definición de la vida es “la absoluta prioridad metafísica en la estructura del universo.’”29 Es fácil ver como tal definición de la vida es una plataforma pre-armada sobre la cual fácilmente se construye una teología de salvación evolucionista con un artículo de la justificación que obligadamente tendría que incluir las obras del “hacer algo.” Pero el testimonio bíblico es que la “Vida es creer en el Hijo.” “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él” (Juan 3:36 LBLA). La vida eterna no está en “hacer algo.” La vida eterna está en “creer en el Hijo.”

(11) Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. (12) El que tiene al Hijo tiene la vida, y el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. (13) Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna (1 Juan 5:11-13).

Estas son confesiones de fe vienen por revelación, y confiesan una fe en el Dios que justifica, que declara que los pecadores son justos por fiat, sin que ellos contribuyan justicia alguna propia. Ellos son justificados por la Palabra de Dios que declara que la justicia de Cristo es “buena en gran manera” a favor de todo pecador creyente. Es sólo de esta manera que pueden tener vida. Aquí no hay ninguna “búsqueda ontológica” por el significado de la vida. Aquí hay más que significado. Aquí hay vida, y vida eterna. Los creyentes están completos en el Hijo, pues han sido justificados por medio de la sangre del Hijo derramada en la cruz a favor de toda la humanidad. En su vida derramada, hay vida universal. Esa es “la absoluta prioridad metafísica en la estructura del universo.” Es la manera de confesar que Cristo es el “prototokos” o el ¡preeminente primogénito de toda la creación! Aunque no fue la intención ni de Cappelleti ni de Bernard emplear las palabras “La vida es hacer algo” para describir a Cristo, ciertamente cuando se emplean en función de su obra redentora, son ciertas y verdaderas. Es su “hacer” en vida, muerte, y resurrección, que es la ¡vida del universo entero!

El Cristo Justificador es la Vida y Energía del Universo

Hay otro pasaje bíblico que instruye a los que sin fe persisten en la dialéctica filosófica y teológica con respecto a la creación y la existencia. Este es el conocido pasaje de Hechos 17:28, “Porque en El vivimos, nos movemos y existimos.” Otro dato conocido es el hecho que Pablo dirigió estas palabras a los eruditos griegos reunidos en el Aerópago de Atenas, a donde fue llevado por un grupo de filósofos para exponer la doctrina que predicaba.

Sin embargo, lo que no es bien conocido es que Pablo estaba predicando y enseñando la Justificación por la fe en este pasaje.

El contexto de la introducción revela la clave.

También disputaban con él algunos de los filósofos epicúreos y estoicos. Y algunos decían: ¿Qué quiere decir este palabrero? Y otros: Parece ser un predicador de divinidades extrañas–porque les predicaba a Jesús y la resurrección. (19) Lo tomaron y lo llevaron al Areópago, diciendo: ¿Podemos saber qué es esta nueva enseñanza que proclamas? (20) Porque te oímos decir cosas extrañas; por tanto, queremos saber qué significan (Hechos 17:18-20 LBLA).

La primera clave que el tema era la justificación de la existencia humana está en que hay dos grupos de filósofos “en diálogo”, tal como acostumbran los filósofos. Los Epicúreos eran básicamente ateos y agnósticos, quienes o repudiaban o eran indiferentes a cualquier causa sobrenatural del universo. Por tanto, justificaban la vida deleitándose en todos los placeres que pudieran disfrutarse en la vida diaria. Por otro lado, los Estoicos se imaginaban múltiples deidades que los instaban al control propio, a una vida disciplinada y austera en extremo. Los Estoicos se vanagloriaban de sus logros sobre los deseos sensuales (por tanto se oponían a los Epicúreos). Pero, si llegaban a fracasar en su vida estoica, la salida noble era el suicidio. Por tanto justificaban su existencia mediante ejercicios de austeridad, disciplina, privándose de toda satisfacción propia a fin de lograr el completo dominio propio. Ambas filosofías se fundamentaban en la lucha de la razón por justificar la existencia. Los Epicúreos buscaban justificarse a sí mismos mediante sus experiencias internas y subjetivas de sus propias emociones. Los Estoicos buscaban justificarse a sí mismos mediante sus rigorosos ejercicios por lograr el completo dominio propio. Según cada cual, ambas maneras de pensar eran lógicas, pues eran productos de la razón.

Ante estas dos maneras de justificar la vida, Pablo anunció y proclamó la resurrección de Jesucristo como la justificación de la vida. En la iglesia de los apóstoles, el nombre que se le daba a la doctrina de la Justificación por la fe era “la resurrección de Cristo.” La resurrección de Cristo no tenía sentido alguno sino fuera que Él había sido resucitado de los muertos como prueba que todo pecador había sido provisto con plena justificación. La justificación no era por las obras de la ley, sino mediante la vida y la muerte de su Sustituto, Jesucristo. Su resurrección era prueba palpable que ciertamente ellos habían sido justificados en la persona y por la persona de Cristo. Al creer en su obra acabada e imputada a ellos (y a nosotros hoy), les concedía perfecta justicia y como consecuencia, paz con Dios.

(20) Sin embargo, respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, (21) y estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso era también para cumplirlo. (22) Por lo cual también su fe LE FUE CONTADA POR JUSTICIA. (23) Y no sólo por él fue escrito que le fue contada, (24) sino también por nosotros, a quienes será contada: como los que creen en aquel que levantó de los muertos a Jesús nuestro Señor, (25) el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación. (5:1) Por tanto, habiendo sido justificados, por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. (Romanos 4:20-25; Romanos 5:1 LBLA).30

Este mismo uso de la resurrección de Cristo como sinónimo de la doctrina de la Justificación por la fe se encuentra en Gálatas 1:1, en donde Pablo emplea la frase “la resurrección de Cristo” para introducir a sus lectores al tema de su epístola, la justificación de pecadores no por obras de la ley, sino sólo por la fe en Jesucristo: “Pablo, apóstol (no de parte de hombres ni mediante hombre alguno, sino por medio de Jesucristo y de Dios el Padre que le resucitó de entre los muertos).”31

Por tanto, cuando Pablo escucha a Epicúreos y Estoicos que discuten en torno a la justificación de la vida, él interrumpe sus alegatos. Él no sólo anuncia sino que también los evangeliza con la doctrina de la Justificación por la fe en el Cristo. Luego a fin de apoyar esta doctrina, Pablo señala al Creador de todas las cosas.

El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres (25) ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que El da a todos vida y aliento y todas las cosas; (26) y de uno hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la faz de la tierra, habiendo determinado sus tiempos señalados y los límites de su habitación, (27) para que buscaran a Dios, si de alguna manera, palpando, le hallen, aunque no está lejos de ninguno de nosotros; (28) porque en El vivimos, nos movemos y existimos, así como algunos de vuestros mismos poetas han dicho: “Porque también nosotros somos linaje suyo.” (29) Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la naturaleza divina sea semejante a oro, plata o piedra, esculpidos por el arte y el pensamiento humano. (30) Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan, (31) porque El ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos (Hechos 17:24-31 LBLA).

Al terminar su discurso, Pablo llama a “a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan,” de las falsas maneras de justificar sus vidas. Llama a los Epicúreos a que se arrepientan de sus experiencias egoístas como la manera de justificar sus vidas. Llama a los Estoicos para que se arrepientan de sus vidas austeras castigando a sus cuerpos como la manera de justificarse ante sus dioses. Pero tanto a los Epicúreos y Estoicos él les insta a arreglar cuentas con Dios “porque El ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos.” La palabra griega que aquí se traduce como justicia también se puede traducir como “justificación.” El mismo contexto señala al decreto de justificación que declara la Palabra de Dios. Pues Pablo está hablando de que Dios, en cierto día establecido, va a “juzgar” al mundo. En ese día, se expedirá un fallo tocante a todo el que será justificado o condenado.

El decreto de justificación no se dará en base a las vivencias emotivas de los Epicúreos. Tampoco se dará el decreto de justificación en base a la vida estoica de la renunciación al yo, a la vida del sacrificio, y castigo corporal de los Estoicos.

El decreto de justificación se dará en base a la justicia de aquel “Hombre a quien ha designado” para justificar a toda la humanidad. Todo el que por fe reciba esa justicia, sea de los Epicúreos o sea de los Estoicos, será justificado. Como garantía de tal justificación solo por la fe, Dios ha resucitado a Jesucristo de los muertos. El hecho que Jesucristo ha resucitado de los muertos es

esta epístola. Pues (como lo dije), él trata de la resurrección de Cristo, quien fue resucitado para justificarnos, y al hacerlo venció a la ley, al pecado, a la muerte, al infierno, y a todo mal (Romanos iv.25)” (Watson, p. 36).

comprobante que Dios ciertamente justifica sólo por la fe en Él (Romanos 4:25). Es así sólo por la fe puesto que la razón de la justificación se ha hecho y cumplido en otra persona, en la persona de Jesucristo.

Por tanto, la prueba principal que Dios justifica a los Epicúreos y a los Estoicos, aparte de sus experiencias y sus obras, es la resurrección de Jesucristo. Sin embargo, a fin de captar la atención de las mentes filosóficas de estos pensantes, Pablo anuncia que este Cristo resucitado es también el Creador del universo, y que “en Él vivimos, nos movemos y existimos.” La muerte no pudo contener al Creador. Por tanto, la muerte no puede retener a todos los que son justificados por el mismo Creador. Todos los que son justificados por el Creador, viven, se mueven, y tienen su existencia en Él.” ¡Esta justificación sobrepasa por lejos a todas las más altas aspiraciones de los Epicúreos y Estoicos!

Pablo no se pone a dialogar con ellos buscando encontrar algún tipo de síntesis o integración entre sus filosofías y la teología cristiana. Él es un experto en la evangelización de estos filósofos con el increíble evangelio de Jesucristo, quien por medio de su justicia, justifica a todos los que creen en Él.

El Cristo Justificador es la Luz de la Creación y de la Eternidad

Pablo escribió categóricamente, “Todo lo que no es de fe, es pecado” (Romanos 14:23). Esta es la premisa o punto de partida para estudiar la creación según las pautas que dictó Jesús en Lucas 24:44-47. Todas las Escrituras, comenzando con el Torah (la Ley), (que comienza con el libro de Génesis, capítulos uno y dos), hablan de su vida, muerte, y resurrección para la remisión de pecados. El paradigma por resolver no se trata del creacionismo respondiendo a la teoría de la evolución con argumentos científicos procurando arrojar dudas sobre las premisas evolucionistas. El punto de partida para los científicos cristianos es cómo el relato de la creación arroja luz sobre la obra de Cristo, el Cordero de Dios inmolado desde antes de la creación del mundo para la justificación de pecadores.32

Pareciera que este es un nuevo paradigma, pero no lo es. El relato de la creación comienza levantanado el velo para presentar al Creador como la Luz del mundo, quien dijo “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). Él es el eterno y preexistente Cristo, quien co-existe con Dios es “el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:3).

El relato de la creación es la plataforma sobre la cual se construye la redención obrada por Cristo, y toda la Escritura da testimonio de Él. Sin embargo, “el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4 LBLA).

(5) Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús. (6) Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo (2 Corintios 4:5-6 LBLA).

“No mirando nosotros a lo que se ve, sino a lo que no se ve; porque lo que se ve, temporal es; mas lo que no se ve, eterno” (2 Corintios 4:18 SSE).


@copyright: Haroldo S. Camacho, Ph.D. July 2009, Palm Springs, California

www.basartob.com


1 La Evolución Teísta (o Deísta) no niega la intervención de un Ser Supremo, o Dios Creador. Tan sólo asevera que Dios intervino para permitir un proceso de evolución a lo largo de las edades, similar en gran parte al origen de la especie postulado por Charles Darwin. Este punto de vista relacionando a la ciencia con la religión se conoció por sus primeros proponentes como el darwinismo cristiano (The Creationists Expanded Edition, pp. 34-38.

2 Véase el proyecto STOQ en http://www.stoqproject.it/index.htm. Este proyecto está bajo la dirección del Vaticano. 3 “La teoría del diseño inteligente sostiene que ciertos rasgos del universo y de las cosas vivientes tienen su mejor explicación por una causa inteligente, y no por un proceso sin dirección como la selección por causas naturales. El diseño inteligente ha empleado… la metodología científica a fin de detectar en estructuras biológicas irreduciblemente complejas, el contenido complejo de información particularizada del ADN, la arquitectura del universo que sostiene a la vida, y el origen geológico acelerado de la diversidad biológica en el récord de fósiles

3 Estas son frases de la doctrina católica-romana. El mérito de congruencia lo merece un incrédulo que a pesar de ser incrédulo, hace alguna obra buena. Dios corresponde, otorgándole más gracia para que pueda creer. Una obra virtuosa es la que gana méritos con Dios por los que Dios le puede justificar.

4 El lector atento recordará que en la mayoría de las versiones en español del Antiguo Testamento en donde aparece la palabra “SEÑOR” en mayúsculas, es para sustituir al nombre más sagrado de Dios en el hebreo, el

Tetragrammaton, o el nombre de las cuatro letras, YHWH, que simplemente significa, “Yo soy” (Éxodo 3:14).

5 Hebreo “tzdaqui.”

6 Hebreo “tzdaqui.”

7 Brown-Driver-Briggs’ Hebrew Definitions.

8 Ibid. 13 Hebreo, “yashar.”

9 Cf. Juan 6:29.

10 Transliteración del hebreo.

11 Aquí también se puede entender como “los que guiaron muchos a la justificación.”

12 Martin Luther, A Commentary on St. Paul’s Epistle to the Galatians (1535), (Philip Watson, ed., James Clarke, London, 1953), p. 303. “Est enim creator omnipotens ex nihilo faciens omnia” [Versión latina].

13 Hebreo “Elohim amar.” Obsérvese que este es Dios “Elohim” que habla. En hebreo, “Elohim” es Dios en el plural.

14 Hebreo “Tanakah.” 20 Lucas 24:44-49.

15 Manera de entender o interpretar las Escrituras.

16 Hasta la LXX, cuando traduce el hebreo “amar” en Génesis 2:2, acude a “teleow.” Hebreos 4:3 utiliza un verbo con una raíz diferente, “ginomai,” pero este término incluye el concepto de generar y llevarlo a su plena consumación. El concepto es que lo que se había planeado o la intención deseada ha sido entera y perfectamente cumplida.

17 “Sabatismos”, Hebreos 4:9.

18 Traducción de R.P. Serafín de Ausejo, Barcelona, Editorial Herder, 1979. Ausejo traduce correctamente el griego prototokos como “primogénito ante toda criatura”, señalando la postura preeminente de Cristo ante toda la creación.

19 Conocida generalmente como la Septuaginta, o LXX.

20 http://www.culthelp.info/index.php?option=com_content&task=view&id=425&Itemid=8 Cult Awareness and Information Centre (Copyright © 1995-2009).

21 “El Hijo no puede ser una criatura, pues la creación se define en su plenitud por ‘todas las cosas’ que fueron creadas en Él.” Ibid.

22 Cantera-Iglesias, 1975.

23 του κηρυχθέντος εν πάση τη κτίσει τη υπὸ τὸν ουρανόν.

24 “εν πάση τη κτίσει”: “en toda la creación” en vez de “a toda la creación.”

25 http://www.stoqproject.it/index.htm. El proyecto STOQ está bajo la dirección del Concilio Pontificio Católico Romano para la Cultura.

26 “Ontológico”: el significado de la existencia de todo lo que existe.

28 Ibid. 36 Società Italiana di Storia della Scienza.

29 Sitio web del proyecto STOQ.

30 He cambiado la ubicación de la coma en Romanos 5:1 a fin de corresponder la declaración de Romanos 5:1 con el contexto dado en Romanos 4:25. Las comas no aparecen en los textos griegos más antiguos.

31 Lutero percibió esa conexión. Comentando sobre Gálatas 1:1, tocante a la frase “Y por Dios el Padre, que lo resucitó de los muertos,” Lutero dijo: “Por tanto Pablo, desde el principio, irrumpe a todo el tema de su súplica en

32 Lutero escribió: “Ahora, a Cristo se le aferra, no por la ley, ni por las obras, sino por la razón o el entendimiento iluminado por la fe. Y esta manera de aferrarse a Cristo por la fe es verdaderamente la vida espiritual… y esa vida espiritual por la que se aferra a Cristo, no es esa una tonta imaginación… sino un contemplar teológico fiel y divino de la serpiente sobre el mástil: es decir, de Cristo colgando de la cruz por mis pecados, tus pecados, y los pecados del mundo entero. Por tanto es patente que la fe sola justifica… y que nada debiera tomarse en cuenta en esa vida [espiritual], sino la palabra del Evangelio” (Watson, p. 278).