La Salvación y el Sistema Sacramental


Richard M. Bennett

La diferencia más importante entre la fe Bíblica y el Catolicismo Romano es el punto sobre lo que es necesario para la salvación de las personas ante Dios. A través de las Escrituras la justificación es mostrada como necesaria para la salvación y en el Nuevo Testamento es el tema principal de los Apóstoles. La Iglesia de Roma proclama que sus siete sacramentos es lo que es necesario para la salvación y que la justificación ante Dios es dada a través del sacramento del bautismo. De esta manera, oficialmente enseña que,

La justificación es concedida por el bautismo, sacramento de la fe. Nos asemeja a la justicia de Dios que nos hace interiormente justos por el poder de su misericordia . , Y ” La Santísima Trinidad da al bautizado la gracia santificante, la gracia de la justificación …”

Por tanto, es necesario definir qué es la justificación desde el punto de vista bíblico y determinar su localización.

La enseñanza del Apóstol Pablo en 2 Corintios 5:21 es un ejemplo que da el significado exacto de la justificación ” Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” Jesucristo no fue “hecho pecado” a través de la infusión de un vicio o pecado, así como el creyente no es ” hecho justicia” por la infusión de la santidad. El Señor era personalmente Sacrosanto; sin embargo, como sustituto del pecado del creyente, él legalmente se hizo responsable ante la ira de Dios. La consecuencia de la fidelidad de Cristo en todo lo que hizo, culminando con Su muerte en la cruz, es la razón por la que Su justicia es acreditada al creyente. Fue Dios el que legalmente constituyó a Cristo para “hacerlo pecado”. él fue “hecho pecado” por que los pecados de todo Su pueblo Le fueron transferidos, y de igual manera, el creyente es hecho “la justicia de Dios en él” a través de que Dios imputó al creyente la fidelidad de Cristo a los preceptos de la ley. Muy claramente, la justificación es un acto judicial y gratuito de Dios en el cual un pecador creyente tiene derechos legales de Cristo.

La justificación es enseñada a través del contraste.

El sentido preciso del término “justificar” también se ve en que es el exactamente lo contrario o el contraste del término “condenar” “¿Quién es el que acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.” Romanos 8:33,34. La condenación no es un proceso por el cual un hombre bueno es hecho malo, sino es más bien el veredicto de un juez declarando a un hombre culpable. Ahora bien, al igual que condenar a un hombre no es la infundirle mal, sino declararle culpable, así mismo la justificación no le infunde bondad al hombre, sino que declara que tiene buena reputación. La justificación es esa sentencia formal del Juez Divino en el que pronuncia al creyente justo ante él.

Este contraste entre justificación y condenación está claramente enseñado en Romanos 5:18, 19 “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos.” En este pasaje la “desobediencia” de Adán es ignorada por la “obediencia” de Cristo. La desobediencia de Adán trajo condenación; la obediencia de Cristo trae justificación. Ambas son declaraciones legales reales, tanto en Adán como en Cristo. La justificación es la correcta posición en Cristo en la que Su justicia es acreditada al creyente. La consecuencia de la obediencia de Cristo es tan maravillosa que el Apóstol Pablo declara que tal justicia es manifestada y es “para todos lo que creen en él.” Romanos 3:21-24 21 Pero ahora, aparte de la ley , se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo , para todos lo que creen en él. Porque no ha diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por Su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

El propósito de la Justificación es revelar la justicia de Cristo. Lo que se declara no es la justicia de ningún tipo de obras humanas, sino más bien la justicia de Dios en el Señor Jesucristo que es revelado. El Evangelio es la demostración en un hecho concreto histórico, de la justificación perfecta que Cristo hizo ante todas las demandas de la ley, y que Dios otorga a todo verdadero creyente en él. Ante la naturaleza Santa de Dios, el pecado tenía que ser castigado y la verdadera justicia establecida. Esto fue cumplido a través de la fiel obediencia del Señor Jesucristo y Su sacrificio propiciatorio. De esta manera la fidelidad de Cristo es proclamada en el v. 22, ” la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo.” Cuando la Biblia declara que la justificación es el regalo de Dios para el creyente, también demuestra en pocas palabras lo que es esta justificación. La justificación se encuentra en Cristo y es de él. Es la demostración de la fidelidad de Jesucristo, aún hasta la muerte. Tal rectitud es de Dios, y proviene de Dios, ” la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo. ” (v. 22). Las maravillosas noticias son que esta absoluta justicia es ” para todos y sobre todos los que creen en él.

Lo que legalmente se está mostrando es la identificación del verdadero creyente con el Señor Jesucristo. Dios ha provisto la justicia de Cristo para los pecadores que creen. Hay varios pasajes en la que la fidelidad del Señor es mencionada. En cada caso, el nombre de Jesucristo es en el genitivo, lo que indica que la fidelidad es una cualidad de Su carácter. Gálatas 2:16 es un ejemplo del contraste entre la intención de fidelidad del hombre por las obras de la ley y la fidelidad de Jesucristo que nos justifica, “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo…” Sabiendo que la ley debía ser cumplida para que Dios pudiera declarar a una persona justa, la fidelidad de Cristo debe ser entendida y aplicada específicamente en este contexto.

La gracia es dada gratuita y en forma directa.

De acuerdo con el versículo 23, ” por cuanto todos pecaron, [pretérito] y están destituidos [presente continuo] de la gloria de Dios.” El predicamento humano es precisamente que nadie ha conseguido una obediencia tal que lo haga digno de la justificación . Debido a la naturaleza pecaminosa del hombre, nadie llegará a ser aceptable ante Dios bajo la premisa de su comportamiento. El ser justificado no es, de ninguna manera, algo obtenido por los humanos; no es una recompensa por una vida santificada, ni se logra a través de algo que ningún hombre haga. Dios nos muestra Su obra directamente en el versículo 24, ” siendo justificados gratuitamente por Su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús…”

El diseño de Dios es recalcado por el adverbio “gratuitamente” . Esto excluye toda duda sobre si cualquier cosa en el hombre o del hombre pueda ser la causa o la condición para tal justificación. “La redención que es en Cristo Jesús…” fue el rescate pagado por Cristo Jesús a través del cual Dios pudo, en verdadera justicia, justificar al pecador que cree. La Palabra de Dios es el instrumento del Espíritu, ” siendo justificados gratuitamente por Su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús…” La buena posición del creyente ante Dios se basa en el rescate pagado, la justicia sempiterna alcanzada por Cristo. En este versículo, como lo afirma constantemente el Apóstol Pablo, la buena posición de las personas ante Dios y todas las bendiciones de la gracia que les son derramadas han sido ganadas por Cristo. La clave de la verdad Bíblica, es que la justicia de Dios que es acreditada al creyente está en Cristo y no en ellos mismos o en ningún ritual humano. Así que, “siendo justificados gratuitamente por Su gracia” se obtiene a través del pago del sacrificio hecho únicamente por Cristo Jesús sin que el creyente haya contribuido en nada, con nada o por nadie. Solamente el Señor Jesucristo es declarado como, y en verdad lo es, la Justicia de Dios. La gracia de Dios se encuentra en él y solamente en él. El pasaje de Romanos 3:21-24 completamente niega toda pretensión de la Iglesia Católica Romana que enseña que la gracia de Dios se encuentra en los sacramentos que ella proclama como necesarios para la salvación.

Los sacramentos físicos necesarios de Roma.

A pesar de la clara enseñanza Bíblica, la Iglesia Católica clama que las obras y los rituales de los hombres son los medios efectivos para obtener la gracia. Se enseña que los sacramentos son necesarios para la salvación y un medio para obtener gracia. Esta enseñanza es tan enfática que se dice que la gracia Sacramental a través de sus sacramentos físicos es la gracia del Espíritu Santo. De esta manera la Iglesia Católica enseña oficialmente que,

” La Iglesia afirma que para los creyentes los sacramentos de la Nueva Alianza son necesarios para la salvación . ‘ La ‘gracia sacramental’ es la gracia del Espíritu Santo dada por Cristo y propia de cada sacramento .”

” Toda la vida litúrgica de la Iglesia gravita en torno al sacrificio eucarístico y los sacramentos. Hay en la Iglesia siete sacramentos: Bautismo, Confirmación o Crismación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal y Matrimonio .”

La gracia del Señor.

En las Escrituras, sin embargo, “el Dios de toda gracia” a través de Su Palabra, en forma directa y personalmente, busca, encuentra y salva a Su pueblo. La salvación es el regalo de Dios para el creyente. Se le acredita basada en la obra consumada de Cristo en la cruz, ” siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús…” La obra directa de Dios nos muestra Su Gracia hacia nosotros, de tal manera que nuestros ojos de la fe están puestos en él. “Pues si por la trasgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y de don de la justicia.” Al buscar señales físicas para dar “gracia sacramental” y llamarla “la gracia del Espíritu Santo” es literalmente una blasfemia en contra del Dios Santo. No sólo denigra la Persona y obra del Espíritu Santo, sino que presupone que Su poder puede ser controlado y confinado adentro de los siete sacramentos de la Iglesia de Roma. El autodenominado Sistema Sacramental.

El formato de los sacramentos de Roma tiene siete partes; se llaman Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Matrimonio y Santos óleos.

1 El Bautismo.

La enseñanza Católica Romana sobre el Bautismo se encuentra en su Código de Cánones y Leyes y en el Catecismo de la Iglesia Católica (1994). Roma oficialmente declara en el Canon 849 lo siguiente,

“El bautismo, la puerta a los sacramentos, necesario para la salvación de hecho o al menos en intención, es el medio por el cual tanto hombres como mujeres son liberados de sus pecados, nacidos como hijos de Dios y configurados a Cristo por una marca indeleble, son incorporados a la Iglesia [Católica Romana], es única y correctamente conferido por el lavamiento con agua pura junto con la forma correcta de palabras.”

En su Catecismo declara “… La Iglesia [Católica Romana] no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna …” (Párr. 1257)

” Por el Bautismo, todos los pecados son perdonados, el pecado original y todos los pecados personales, así como todas las penas del pecado .” (Párr. 1263)

“… La pura gratuidad de la gracia de la salvación se manifiesta particularmente en el bautismo de niños. Por tanto, la Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento .” (Párr. 1250)

” La práctica de bautizar a los niños pequeños es una tradición inmemorial de la Iglesia [Católica Romana]. Está atestiguada explícitamente desde el siglo II. Sin embargo, es muy posible que, desde el comienzo de la predicación apostólica, cuando ‘casas’ enteras recibieron el Bautismo, se haya bautizado también a los niños .” (Párr. 1252)

Respuesta Bíblica.

En contraste con lo declarado por Roma, las palabras del Cristo resucitado al dar el Evangelio son tan claras como el cristal. “El que creyere y fuere bautizado será salvo; pero el que no creyere será condenado” La fe es la llave de la gracia salvadora y la incredulidad es el pecado principal de condenación. La fe es lo que es absolutamente necesario para la salvación, el bautismo es una ordenanza que sigue a la fe y que simplemente testifica de ella. Una prueba de ello es el hecho de la omisión en la segunda mitad del versículo: no dice que “el que no se bautizare será condenado,” sino más bien, “el que no creyere.” La fe es tan indispensable que aunque uno sea bautizado sin haber creído, aún sería condenado. El pecador es condenado por su naturaleza pecaminosa y por su propio pecado. La justicia divina de Dios está sobre él, nada puede propiciar la justicia de Dios excepto la fe salvadora en Cristo. Por la gracia de Dios, esta fe instantáneamente trae el acto de justificación de Dios. El poder sacramental de Roma sólo logra engañar a las personas y burlarse de la justicia de Dios el Señor. De acuerdo con la Biblia, la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios. La casa del carcelero primero oyó la Palabra de Dios, para poder así creer y ser bautizados, ” Y le [Pablo y Silas] hablaron la Palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.” Claramente, la enseñanza oficial de Roma acerca del bautismo es una falsificación espuria de la verdadera fe salvadora.

2. La Confirmación.

La enseñanza Católica Romana acerca de la “Confirmación” es dada en el Catecismo de la Iglesia Católica. Roma declara oficialmente que, ” La Confirmación perfecciona la gracia bautismal; es el sacramento que da el Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la filiación divina, incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer más sólido nuestro vínculo con la Iglesia [Católica Romana].” (Párr. 1316)

“… En efecto, a los bautizados ‘el sacramento de la Confirmación los une más íntimamente a la Iglesia .” (Párr. 1285)

” Es esta imposición de las manos la que ha sido con toda razón considerada por la tradición católica como el primitivo origen del sacramento de la Confirmación , el cual perpetúa, en cierto modo, en la Iglesia, la gracia de Pentecostés’ .” (Párr. 1288)

Respuesta Bíblica.

La idea de usar un sacramento físico ritual, cómo lo es la Confirmación, para completar el Bautismo y sellar al individuo con el Espíritu Santo es una tradición engañosa que difiere de la Palabra escrita del Señor. Es a través del oír, el entender y el responder al Evangelio que un individuo es incorporado o sellado en Cristo y que se convierte en un verdadero Cristiano. Una vez que el creyente cree en el Señor, es sellado con el Espíritu Santo. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa…” La simpleza de esta verdad es tan grande que la Escritura proclama, “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”

La intención de Roma se ve en su enseñanza, la cual es hacer que la gente esté “más fuertemente atada a la Iglesia”. La pretensión de perpetuar la gracia de Pentecostés es una ofensa en contra del divino Espíritu Santo. ” Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.”

3 La Eucaristía.

Los verdaderos creyentes tienen la ordenanza del Nuevo Testamento llamada “La Sena del Señor” o “Comunión”. Esta ordenanza es el compromiso de Cristo hacia todos los creyentes, y es confirmada por Su sangre. Como lo declaran Sus palabras, ” Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa. La muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.” El propósito es enseñado claramente: mostrar, proclamar y publicar la muerte de Cristo. No es meramente un recordatorio de Cristo, de lo que ha hecho y sufrido, sino que también es un tiempo de profundo compañerismo vivo y activo entre el Señor y el creyente. ” La Comunión de la Sangre de Cristo” es esa verdadera unidad que los creyentes tienen con el Señor en la celebración de Su Cena. El Señor introdujo el alimento con Su deseo expresado como sigue: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua…! Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros es derramada.” Con ese mismo deseo deberían los creyentes compartir este alimento con él. Esta comunión con él es la esencia del Nuevo Pacto, Su declaración es el Nuevo Pacto en Su sangre. En el contexto de la verdadera y la falsa adoración el Señor enseña quienes son aquellos a quienes él ve, ” … pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.” Para realmente desear adorarle dignamente el creyente debe desear la comunión en la mesa del Señor. Cuando lo haga, entonces por gracia, se dará cuenta más profundamente de las palabras del Señor, “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados.”

La Eucaristía de Roma.

Contrastando abruptamente con la ordenanza que el Señor dejó a Su Pueblo, la

Iglesia de Roma muestra al Cristo agonizante, “la víctima sagrada” en su Eucaristía. Usando como su centro de adoración el ritual de la Misa, a la cual todos los fieles, bajo el dolor del pecado mortal, tienen que asistir, Roma enseña y dramatiza la pretensión que el sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un mismo sacrificio. Más aún, enseña que en la hostia se contiene el cuerpo físico de Cristo, incluyendo Su alma y Su divinidad. Así lo enseña su Catecismo,

” El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio : ‘Es una e idéntica la víctima que se ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes, la que se ofreció a sí misma entonces sobre la cruz. Sólo difiere la manera de ofrecer’: ‘En este divino sacrificio que se realiza en la misa, este mismo Cristo, que se ofreció a sí mismo una vez de manera cruenta sobre el altar de la cruz, es contenido e inmolado de manera no cruenta’ ” (Párr. 1367)

Debido a que la Eucaristía es central para el Catolicismo, los creyentes en la Biblia deben tener una compasión real hacia los Católicos que son enseñados en la doctrina documentada aquí. El tratar de apaciguar a Dios con un sacrificio actual es de hecho una negación a la suficiencia de la obra de Cristo en la cruz. El Señor Jesús es el único Sacerdote que ofrece sacrificios en el Nuevo Testamento. él completó nuestra salvación con una sola ofrenda. Las Escrituras establecen esta verdad en repetidas ocasiones. La base de esto se encuentra en la declaración de nuestro Señor desde la cruz, ” Consumado es” La unidad única del sacrificio de Cristo en este punto, que era una ofrenda, hecha una vez.

La verdad de la excelencia del sacrificio de Cristo es realzada por las palabras “una vez”, como por ejemplo cuando las Escrituras declaran, ” Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive.” y “que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a Sí mismo.”

La Iglesia de Roma declarara Su sacrificio como suyo propio. Además enseña que en su “sacramento bendito” se contiene al Cristo físico, Su alma y Su Divinidad. Así declara, ” En el santísimo sacramento de la Eucaristía están ‘contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. ‘” (Párr. 1374)

La comunión nos separa del pecado . El Cuerpo de Cristo que recibimos en la comunión es ‘entregado por nosotros’, y la Sangre que bebemos es ‘derramada por muchos para el perdón de los pecados’. Por eso la Eucaristía no puede unirnos a Cristo sin purificarnos al mismo tiempo de los pecados cometidos y preservarnos de futuros pecados: …” (Párr. 1393)

” Por la misma caridad que enciende en nosotros, la Eucaristía nos preserva de futuros pecados mortales .” (Párr. 1395)

En esta enseñanza la “Eucaristía” se considera como que une a las personas con Cristo y a la vez limpia de los pecados. Intentar clamar efectos causales por aquello que fue dado para testificar del Señor mismo es adivinación, ya que nuestra esperanza se centra en el objeto físico. El rito oficial de la Misa muestra tal adivinación en cada Misa ya que el sacerdote hace y dice lo siguiente:

“Tras hacer una genuflexión y mantener la hostia levemente más elevada que la patena, el Sacerdote dice: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Bienaventurados los que son llamados a su cena.”

Las personas son enseñadas a ver la sustancia física como si en verdad fuera el Cordero de Dios. Esto es tanto idolatría soez como un falso evangelio.

Tales enseñanzas, caen bajo la eterna maldición de pervertir el Evangelio de Cristo. Las palabras de Cristo son espíritu y verdad, ” El Espíritu es el que vivifica.” El pretender ingerir la carne de Cristo es suficientemente malo, lo que es implicado es aún más. Como se ve en su enseñanza oficial, Roma mantiene que “La Eucaristía nos preserva de los futuros pecados mortales.” Estas son palabras llamativas de humana filosofía enseñando la antigua adoración de ídolos para obtener vida. Lo que hace de esta doctrina aún más repugnante es que la misma enseñanza que habla de la preservación de los pecados serios, es en sí un grotesco pecado en contra del Dios Sacrosanto y en contra del sacrificio perfecto de Cristo y la ordenanza en memoria de él.

4. Penitencia (Confesión).

Los pecados son perdonados cuando las almas creen en el Señor Jesucristo, “Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados,” Al creer en la obra consumada del Señor Jesucristo, uno tiene el cien por ciento de derecho de presentarse ante Dios con sus pecados perdonados. “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios..” “En quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de los pecados según las riquezas de Su gracia…” Así, el Evangelio es el poder de Dios para salvación, como proclamara el Apóstol Pablo. Si uno comete pecado después de la salvación, este es un problema de compañerismo con el Padre en el Cielo y debe resolverse a través de nuestra confesión directa a Dios. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

La confesión de Roma.

La Iglesia Católica Romana tiene una forma totalmente diferente de definir el perdón de los pecados. Su doctrina sobre este asunto se ve en su Catecismo, ” El que quiere obtener la reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves que no ha confesado aún y de los que se acuerda tras examinar cuidadosamente su conciencia .” (Párr. 1493)

” Como todos los sacramentos, la Penitencia es una acción litúrgica. Ordinariamente los elementos de su celebración son: saludo y bendición del sacerdote, lectura de la Palabra de Dios para iluminar la conciencia y suscitar la contrición, y exhortación al arrepentimiento; la confesión que reconoce los pecados y los manifiesta al sacerdote ; la imposición y la aceptación de la penitencia; la absolución del sacerdote; alabanza de acción de gracias y despedida con la bendición del sacerdote .” (Párr. 1480)

” La fórmula de absolución…Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo . “(Párr. 1449)

El respaldo escriturario pretendido por Roma para que el sacerdote supuestamente pueda absolver a otros de los pecados se encuentra en el Párr. 1485 de su Catecismo, En la tarde de Pascua, el Señor Jesús se mostró a sus apóstoles y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’ (Juan 20:19, 22,23).”

La Respuesta Bíblica.

Un estudio de las palabras de Juan 20:23, ” A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos ” confirma que en vez de algo judicial activado por algún “sacramento”, el perdón hablado es el proclamado por el Evangelio. Aquí, indudablemente el Señor ha declarado, en pocas palabras, un resumen del Evangelio. El Señor dio autoridad a Sus discípulos para declarar perdón a aquellos a quienes Dios ya ha perdonado. La comisión dada en este pasaje en Juan es paralela a la de Lucas 24:47, Mateo 28:18-20 y Marco 16:15,16. Esta fue la manera en que los apóstoles entendieron y obedecieron a la Gran Comisión, como se evidencia a través de Los Hechos de los Apóstoles, ya que Cristo no señaló confesores que sondearan los pecados de las personas. Por lo contrario, señaló predicadores de Su Evangelio e hizo que sus voces fueran oídas. él, a través del Espíritu Santo sella los corazones de los creyentes con la gracia del sacrificio obtenido a través de él mismo. El asunto del perdón de los pecados en las Escrituras es la proclamación del Evangelio, no el susurro de los pecados cometidos al oído de un hombre en un confesionario.

5. Unción de los enfermos.

La enseñanza Católica Romana sobre la Unción de los Enfermos es dada en su Catecismo . Allí Roma oficialmente declara, ” La gracia especial del sacramento de la Unción de los enfermos tiene como efectos:

  • la unión del enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia;
  • el consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad o de la vejez;
  • el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de la Penitencia;
  • el restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual;
  • la preparación para el paso a la vida eterna (Párr. 1532)

La unión a la Pasión de Cristo . Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo:… El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús . ” (Párr. 1521)

” A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático. Recibida en este momento del paso hacia el Padre, la Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene una significación y una importancia particulares. Es semilla de vida eterna y poder de resurrección. “(Párr. 1524)

Respuesta Bíblica.

El Señor Jesucristo dio dos ordenanzas a Su pueblo. Los ingredientes esenciales son los que son de él y que testifican de él. La oración y la unción recomendadas en Santiago 5:14-16 son precisamente eso, “la oración de fe”. La conclusión en el versículo 16 resume el pasaje, ” la oración eficaz del justo puede mucho.” Roma toma esta oración recomendada para los ancianos y la transmite en su Sacramento para que sea realizada por sus sacerdotes oferentes. Ella termina engañando a los ancianos, y en gran dolor a los moribundos. Su maldito mensaje es que su sufrimiento puede ser un medio de unión con la pasión de Cristo como lo enseña el párrafo 1521 de su Catecismo. Este mensaje de “participación en la obra salvadora de Jesús” es una mentira maldita que es hablada a los oídos de aquellos que están enfermos y moribundos. La obra redentora de Cristo es únicamente Suya. La doctrina de “una participación en la obra salvadora de Jesús” es extremadamente perversa, ya que pretende una falsa esperanza al confiar en nuestros propios sufrimientos y agregarlos a lo que le pertenece al Señor. Tal concepto es una mentira abierta ya que niega las repetidas afirmaciones de la verdad de Dios en las Escrituras. La obra de redención es ” de Sí mismo” sin las obras de la ley” no de vosotros, pues es un don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, ” El enseñar a aquellos que están muriendo la mentira del diablo, que se puede cooperar en la salvación, es en verdad una abominación.

Roma también clama en este sacramento, “el perdón de los pecados.” Al proceder con el ritual, el sacerdote dice, “Que el Señor que te libra de pecado te salve y te levante.” El perdón del pecado es la gracia de Dios para aquellos que miran a Cristo con fe y para el creyente que confiesa sus pecados directamente al Señor. La adición que la Iglesia de Roma hace a este ritual, declara que la Eucaristía dada con este sacramento, es un “viático” para el moribundo. Ella declara que esta Eucaristía especial es “la semilla de vida eterna y el poder de la resurrección.” Recalco que, esta es una mentira maldita dicha a los oídos de aquellos que están a punto de pasar a la siguiente vida. Tal horror es difícil siquiera de visualizar, ya que la realización diaria del mal llamado sacramento es una maldición para aquellos que están muriendo. El afirmar que hay una Eucaristía especial para los moribundos como “la semilla de vida eterna y el poder de la resurrección” es hablar contra la Persona de Cristo. él es la Semilla de Vida y el Poder de la Resurrección para el creyente. Cristo Jesús es el único que perfecciona la fe de un individuo. En vez de mirar a un pedazo de pan, el creyente tiene que poner “los ojos en Jesús, el Autor y Consumador de la fe,… a la diestra del trono de Dios.”

Desde el Jardín del Edén, Satanás siempre se ha deleitado en torcer la Palabra de Dios. El orar por los enfermos es en verdad algo digno de ser alabado y ensalzado. Roma ha tomado Santiago 5:14 y lo ha hecho una maldición dramatizada para el enfermo y el moribundo. La compasión de Cristo se necesita para aquellos que moran bajo la crueldad de este mal llamado sacramento. Que el verdadero Evangelio, que es poder de Dios para salvación, es entregado con la compasión de Cristo tanto a los enfermos como a los ancianos Católicos. Ya que es únicamente de esta manera que ellos encontrarán la vida eterna en Cristo.

6. El Matrimonio.

El matrimonio es una ordenanza de creación dada por Dios y no una ordenanza del Cristianismo instituida por el Señor Jesucristo en el Nuevo Testamento. La Iglesia Católica Romana, debido a una mala traducción de Efesios 5:32, enseña que el matrimonio es un gran sacramento. Las palabras en Efesios 5:32 leen “Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.” La Vulgata Latina tradujo la palabra “misterio” como “sacramento”. Este es el origen de la tradición Católica Romana. Como consecuencia de esta mala traducción, la Iglesia de Roma ha intentado controlar todo lo relacionado con el matrimonio. Le da gran poder sobre las vidas de sus feligreses. La Iglesia de Roma dicta lo que define el matrimonio, lo que rompe el matrimonio y cómo puede ser anulado un matrimonio. Los clérigos célibes de Roma dan forma a la conciencia de los laicos sobre lo que la sexualidad matrimonial debe ser. Todo lo cual está en contra de la Palabra de Dios. Una pareja debe vivir su matrimonio en el Señor y de acuerdo con Su Palabra escrita. Un pastor o anciano puede aconsejar de acuerdo con la Palabra de Dios, pero no hay ningún sistema eclesiástico que tenga autoridad absoluta sobre el lecho matrimonial. Roma pretende tal autoridad decidiendo si un matrimonio es o no “válido”, y pretendiendo el poder para declarar un matrimonio nulo o no válido. Esto se ve en sus leyes de procedimientos, que empiezan en el Canon 1671 del Código del Canon de la Ley, “Los casos de matrimonios de los bautizados le pertenecen al juez eclesiástico como su derecho.” Todo esto se hace ya que Roma clama en el Canon 1055 que, “… este pacto entre los bautizados ha sido erigido por Cristo el Señor para mostrar la dignidad del sacramento.”

Asumiendo que Cristo hubiera hecho un sacramento de la ordenanza en la creación, Roma reclama poder sobre el aspecto más íntimo de la humanidad. De nuevo, la verdadera compasión de Cristo es la que se necesita para aquellos que habitan en este terrible sistema. En este mismo contexto, los verdaderos creyentes en la Biblia deben tener cuidado con el matrimonio con Católicos Romanos. En los matrimonios entre los Católicos y los otros, la Iglesia Romana pretende el derecho que todos los hijos nacidos de este matrimonio deben ser criados en la fe y práctica de la Iglesia Romana. Esto se declara enfáticamente en su Código del Canon de la Ley, Canon 1124 y 1125. De esta manera Roma incrementa en números, tanto por la multitud en su propio sistema, como en el hecho que en la aplicación estricta de su ley, demanda que los niños nacidos de la unión de un Católico y otra persona, deben ser criados en la fe Católica Romana. El creyente en la Biblia debe ser cuidadoso de la advertencia de la Palabra del Señor de no unirse en yugo desigual. “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?

7. órdenes Santas.

La Iglesia Católica clama que sus Obispos y Sacerdotes tienen una identificación sacramental con Cristo Mismo. Se enseña que el sacerdote Católico, es realmente hecho, como Cristo, el Sumo Sacerdote, poseyendo autoridad y poder. A los Católicos se les enseña que el Obispo es la imagen viva de Dios el Padre. Se dice que tanto sacerdotes como obispos, comparten el sacerdocio y ministerio idéntico de Cristo. Estas afirmaciones son proclamadas en las enseñanzas oficiales de Roma en sus Documentos del Concilio Vaticano II, “El sacerdote ofrece el Sacrificio Santo in Personna Christi; esto significa más que una ofrenda ‘en nombre de’ o ‘en el lugar de’ Cristo. In persona quiere decir en una específica identificación sacramental con ‘el Sumo Sacerdote eterno’…”

“De hecho, de la tradición, la cual se expresa especialmente en lo ritos litúrgicos y en las costumbres tanto de las Iglesias Orientales como Occidentales, es sumamente claro que por la imposición de las manos y a través de las palabra de la consagración, la gracia del Espíritu Santo es dada, y un carácter sagrado es impresionado en sabios como los obispos, en una forma resplandeciente y visible, toma el lugar de Cristo mismo, maestro, pastor y sacerdote y actúan como sus representantes ( in eius persona) [es decir, Su persona].”

“Todos los sacerdotes comparten con los obispos un sacerdocio y ministerio de Cristo idéntico. Por consiguiente la pura unidad de su consagración y misión requiere su unión jerárquica con la orden de los obispos.”

De una manera similar Roma enseña en su Catecismo, ” Es lo que la Iglesia expresa al decir que el sacerdote, en virtud del sacramento del Orden, actúa ‘in persona Christi Capitis’: El ministro posee en verdad el papel del mismo Sacerdote , Cristo Jesús. Si, ciertamente, aquél es asimilado al Sumo Sacerdote, por la consagración sacerdotal recibida, goza de la facultad de actuar por el poder de Cristo mismo a quien representa ” (Para. 1548)

” Por el ministerio ordenado, especialmente por el de los obispos y los presbíteros, la presencia de Cristo como cabeza de la Iglesia se hace visible en medio de la comunidad de los creyentes. Según la bella expresión de san Ignacio de Antioquía, el obispo es ‘typos tou Patros’, es imagen viva de Dios Padre . ” (Para. 1549)

Respuesta Bíblica.

En contraste, las Escrituras enseñan que ningún anciano toma el lugar de Cristo como sacerdote. Todos lo creyentes tienen acceso inmediato a Dios a través del Señor Jesucristo; todos comparten el sacerdocio real de alabanza. El sacramento de Roma de las “órdenes Santas”, que pretenden pasar el sacerdocio de sacrificio de Cristo a través de “la consagración sacerdotal”, es una tradición de hombres que contradice la verdad de las Escrituras. En la Biblia, el sacerdocio infinito de Cristo, no puede ser transferido a nadie, como se establece en Hebreos 7:24, “mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable “. Roma no tiene el sacrificio sacerdotal de Cristo del Nuevo Testamento , dejen en paz a todos los Obispos de grados superiores, ella clama el sacerdocio para mantener sus siete sacramentos físicos. Toda la razón de ser de la Iglesia de Roma ronda alrededor de sus Obispos y Sacerdotes y los sacramentos que ellos llevan a cabo.

Aún un líder erudito Bíblico Católico, Raymond E. Brown claramente admitió la falta de enseñanza Bíblica que apoyara la posición de Roma cuando escribió, “Cuando pasamos del AT al NT, es impresionante que en tanto que hay sacerdotes paganos y Judíos en escena, no hay ningún Cristiano que haya sido específicamente identificado como sacerdote. La Epístola a los Hebreos habla de el sumo sacerdocio de Jesús al comparar su muerte y entrada al Cielo con las acciones de los sumos sacerdotes Judíos que entraban al Lugar Santísimo en el Tabernáculo una vez al año con una ofrenda de sangre para sí mismos y para los pecados de su pueblo (Hebreos 9:6,7). Pero vale la pena notar que el autor de los Hebreos no asocia el sacerdocio de Jesús con la Eucaristía o la última Cena; ni tampoco sugiere que otros Cristianos sean sacerdotes en la semejanza de Jesús. De hecho, la atmósfera de una vez para siempre que rodea el sacerdocio de Jesús en Hebreos (10:12-14) ha sido ofrecida como explicación de porqué no hay sacerdotes Cristianos en el período del NT.”

Posteriormente en el mismo capítulo, Brown discute sobre un sacerdocio en el ministerio Cristiano de la tradición cuando declara, “De hecho, uno puede dudar que la teología de Hebreos haya tenido mucha influencia aún en el período postrero del NT; ya que, como veremos, poco después que Hebreos fue escrito empezamos a encontrar en la literatura postapostólica nuestros primeros ejemplos del término ‘sacerdote’ y de la imagen del sacerdocio siendo aplicado a ministros Cristianos.”

La estructura organizacional bíblica de la novia de Cristo es totalmente diferente. En el verdadero cuerpo de Cristo, aquellos ordenados como ancianos y diáconos únicamente son hermanos dentro del mismo cuerpo en donde hay sólo Un Amo, Un Sacerdote y Un Señor, que Uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.” Por una tradición post-apostólica, la clase Sacerdotal Romana pretende un sacerdocio idéntico al de Cristo. El sacerdocio de Cristo, como su función de Profeta y Rey, son únicamente de él, “santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos…” Sin embargo, Roma incita a los jóvenes que tienen idealismo y celo para que sean participantes del Sacerdocio de Cristo. El poder y los privilegios del sacerdocio son puestos ante ellos. Algunos de los cuales son el oír las confesiones, el perdonar pecados y traer a Cristo como una víctima sagrada en el altar de la Misa. Esta tentación es similar a la de Satanás en el Jardín del Edén cuando dijo, “seréis como dioses”(Génesis. 3:5) Las Escrituras describen tal altanería como la marca de los “falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.”

Conclusión:

Bíblicamente hablando, la salvación del creyente se encuentra en Cristo y únicamente en Su justicia. La fe de una persona empieza y termina en Cristo mismo y no en las ordenanzas que él ha dado. El Bautismo y la Cena del Señor nos dan testimonio de la obra salvadora consumada del Señor, sin embargo, estas ordenanzas no son ni el Señor Mismo ni Su poder. Al creer en “el Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” la persona sabe que “Porque de Su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.” Tal llenura de gracia es lo que él es. No ha sido delegada a ninguna iglesia o a ninguna ceremonia de alguna iglesia. La enseñanza de la Iglesia Católica Romana sobre que las señales físicas son necesarias para la salvación, es un cambio fútil de sus sacramentos por él, el Señor y dador de la vida, y a la vez una negación blasfema de él y Su perfecto sacrificio consumado. Llamarlo “el sacramento de la gracia”, “la gracia del Espíritu Santo”, maldice las almas y es un sacrilegio en contra de Dios Todopoderoso. Lo que las Escrituras declaran no es que los rituales son fuentes de poder, sino más bien la justicia de Dios en el Señor Jesucristo. Estos es la0 justificación, necesaria para la salvación en el plan y propósito de Dios. Ya que Dios es un Espíritu, así es Su alabanza, las dos ordenanzas del Señor, deben ser en espíritu y en verdad. “Dios es Espíritu; y los que Le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”

La mercadería de Roma en su sistema sacramental es de suma importancia de dos maneras. Primero, “nuestro Dios es fuego consumidor” y segundo, envuelve el comercio con las almas de los hombres. La santidad de Dios demandaba la perfecta satisfacción de Cristo Jesús en su fidelidad total y el sacrificio perfecto de Su sangre. No se puede hablar en contra del Evangelio en el que la obra consumada del Señor es proclamada, sin consecuencias funestas. Tanto el sacrificio perfecto de Cristo y Su Evangelio son manifiesta y blasfemamente negados en las enseñanzas y prácticas de Roma. Su Persona Divina es denigrada en la pretensión de Roma de ofrecer Su sacrifico diariamente y la Gracia de Dios en Cristo hecha como un medio de poder humano al pretender absolver los pecados en Su nombre.

Toda esta adivinación de la carne es contraria a la Palabra del Dios Viviente; “Yo soy Jehová tu Dios… No tendrás dioses ajenos delante de Mí.” Nadie puede tomar el poder y la autoridad del Señor para sí mismos. “Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.” La Iglesia de roma se ha enmascarado a sí misma como la personificación de Cristo en Su Sacerdocio y en Su sacrificio. Ambas son flagrantes mentiras y substitutos sin valor.

En Roma los rituales usurpan Su lugar y sacrificio, ella se ha convertido en Su más grande contradicción. El enemigo supremo de Cristo y Su Evangelio no es el materialismo, la lujuria, y el orgullo del hombre, sino esta apostasía espiritual monstruosa que pretende estar en Su lugar. “No te inclinarás ante ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte y celoso…” Al temer al Dios Sacrosanto, deberíamos temer Su juicio final hacia este sistema de Roma. “porque Sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de Sus siervos de la mano de ella.”

En segundo lugar la mercancía de Roma en su sistema sacramental se basa en las almas de los hombres. Hombres, mujeres y niños son engañados para que crean que la salvación empieza con el bautismo y que es sellada con la Confirmación. Las almas de los hombres son enseñadas a buscar la absolución de un Sacerdote por sus pecados graves y a anhelar los “Santos óleos” en las puertas de la misma muerte. Los jóvenes son animados e incitados a falsificar el “sacerdocio” a través del orgullo espiritual y la adulación de la carne. Vanamente aspiran el ser vestidos con las túnicas sacerdotales de Cristo en el estado de un celibato no natural que ensucia el mismo vestido del alma con orgullo y vanagloria. La intimidad y maravilla del matrimonio es sujetada al control de Obispos célibes bajo la pretensión absurda de que es un sacramento de la Iglesia Romana.

Todos estos rituales de vida son inmundos y deben ser sustituidos por la simple fe en el Señor de gloria. Así el Apóstol Pablo describió el desempeño del Hombre de Pecado en 2 Tesalonicenses 2:9 “inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos…” El deseo de Satanás es reemplazar a Cristo y Su Evangelio con los esfuerzos humanos, para salvarse a sí mismos con rituales y devoción. “que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” Estas son las instancias, en esta mercancía de almas de hombres que el Señor enseñó en Apocalipsis 18:4, en que debemos repetir solemnemente, “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas… .”


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  1. Catecismo de la Iglesia Católica (Liguori, MO: Publicaciones Liguori, 1994), Párr. 1992. De aquí en adelante conocido como Catecismo.
  2. Catecismo, Párr. 1266.
  3. Para un estudio detallado del término vea algunos textos como Deuteronomio 25:1, Job 9:29, Job 32:2, Proverbios 17:15, Mateo 12:13, Lucas 7:9, 1 Timoteo 3:16, Salmo 143:2, Isaías 50:7,8.
  4. Griego pistis . Hay muchos contextos en donde ésta es necesariamente traducida fidelidad, Mateo 23:23, Romanos 3:3, Gálatas 5:22, Tito 2:10, etc. Hay muchos pasajes en los cuales la fidelidad del Señor es mencionada. En cada caso, el nombre de Jesucristo está en el genitivo, indicando que la fidelidad es una cualidad del carácter que él posee (Gálatas 2:16, 3:22; Efesios 3:12, Filipenses 3:9).
  5. Catecismo. Párr. 1129 Catecismo. Párr. 1113.
  6. 1 Pedro 5:10.
  7. Romanos 4:5-8, II Corintios 5:19-21, Romanos 3:21-28, Tito 3:5-7, Efesios 1:7, Jeremías 23:6, I Corintios 1:30-31, Romanos 5:17-19.
  8. Romanos 3:24. Romanos 5.17.
  9. Código del Canon de la Ley, Latín-Inglés Ed. (Washington, DC: Sociedad de América del Canon de la Ley , 1983), Canon 849 Todos los cánones son tomados de esta obra a no ser que se indique lo contrario. Las negritas en algunas citas indican un énfasis agregado en este estudio.
  10. Marcos 16:16.
  11. Romanos 10:17.
  12. Romanos 10:17.
  13. Se encuentra en el texto original.
  14. Se encuentra en el texto original.
  15. Romanos 8:9.
  16. Juan 3:6.
  17. I Corintios 11:25-26.
  18. I Corintios 10:16.
  19. Lucas 22:15, 20.
  20. Isaías 66:2. Mateo 5:6.
  21. Juan 19:30
  22. Romanos 6:10
  23. Hebreos 7:27
  24. El Nuevo Libro de Rezos para la gente por San José, Rev. Francis Evans, Ed. (Nueva York: Cía. Publicadora de Libros Católicos, 1980 Página 104. Versión inglesa)
  25. Gálatas 1:6-9
  26. Juan 6:63
  27. Catecismo, Párr. 1395, letras itálicas en el original en inglés.
  28. Hechos 13:38,39.
  29. Romanos 3:21
  30. Efesios 1:7.
  31. La Nueva Biblia Católica Romana no hace una traducción tan destellante de los pasajes de Juan 20:23 como este Párr. del Catecismo. En la NAB, mientras que la cláusula “si” no se encuentra “Cuyos pecados perdonareis, serán perdonados y cuyos pecados retengáis serán retenidos”, la nota al pie de página dice lo siguiente: “El Concilio de Trento definió que este poder para perdonar pecados se ejercita en el sacramento de la Penitencia.”La Nueva Versión Americana, La Edición Católica de la Biblia de Estudio, (Nueva York, NY: Oxford University Press, Inc. 1990.)
  32. Hebreos 1:3.
  33. Romanos 3:28.
  34. Efesios 2:8-9.
  35. Tito 3:5.
  36. Catecismo , Para. 1524.
  37. Hebreos 12:2.
  38. II Corintios 6:14.
  39. No. 77, Dominicae Cenae, 24 de Febrero de 1980, Concilio del Vaticano II: Los Documentos Conciliatorios y Post Conciliatorios, Austin Flannery, O.P., Editor (Northport, NY: Costello Publ. Co., 1975) Vol. II, Sec. 8, p. 74.
  40. Ibíd ., No. 28, Lumen Gentium, 21 Noviembre 1964, Vol. I, Sec. 21, pp. 373374.
  41. Ibíd ., No. 63, Presbyterorum Ordinis, 7 Diciembre 1965, Vol. I, Sec. 7, p. 875.
  42. I Pedro 2:9.
  43. Aparabatos (Griego) significado: no transferible, no traspasable a otros. En el Nuevo Testamento, no se mencionan sacerdotes para hacer sacrificios, sólo ancianos y postores. En Cristo Jesús, todos los creyentes son parte del real sacerdocio.
  44. Ver nuestro artículo sobre “El Sacerdocio” en nuestra Página Web.
  45. Raymond E. Brown, Sacerdote y Obispo : Reflexiones Bíblicas (Nueva York, NY 10019: Prensa Paulista, 1970) p.13.
  46. Ibíd. , p.14
  47. Mateo 23:8.
  48. Hebreos 7:26
  49. 2 Co. 11:13-15
  50. Sa. 32:2, 71:15-16, 130:3; Isaías 45:24-25, 54:17, 61:10; Jeremías 23:6, 33:16,
  51. 51:10; Daniel 9:24; Lucas 18:14; Romanos 1:17, 3:21-22, 4:6, 11, 5:18-19; I Corintios 1:30; II Corintios 5:21; Efesios 1:6; Colosenses 2:10, 3:3; II Pedro 1:1, y en muchos lugares más.
  52. Juan 1:14
  53. Juan 1:16
  54. Juan 4:24
  55. Hebreos. 12:29
  56. Apocalipsis 18:12-13 Apocalipsis 21:8 éxodo 20:2 Isaías 42:8 éxodo 20:5
  57. Apocalipsis 19:2
  58. 2 Timoteo 3:5